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Marco Pérez cae de pie en Valencia

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Valencia. Martes 17 de marzo de 2026

Marco Pérez se llevó el gato al agua. Debutaba en Valencia, la primera plaza de ídem categoría que pisará hasta el momento en su temporada y fue sacado en volandas. Una oreja en cada toro de su lote le abrió la puerta grande. Y dos estocadas como dos catedrales. Interpretó a la perfección la tarde y el ambiente, que de eso se trata también esto del toro. En su lote cayó el mejor toro de la muy seria corrida de Santiago Domecq que por la mañana había descubierto una lápida laudatoria en el patio de cuadrillas por Escondido, el último indultado en esta plaza -Feria de Julio de 2024-. Hoy no se llevó ninguno tal honor como aquel. Pero los hubo muy buenos. Además, unos con más y otros con menos estilo, la corrida se empleó toda en el caballo.

El toro del debut de Marco Pérez en Valencia fue uno de esos buenos, en realidad el mejor de los seis. Bravo en los tres tercios. Completo este Bravío, el mejor homenaje que se le podía hacer a Ana María Bohórquez. Su codiciosa salida ya apuntaba alto. Buena pelea en varas, galopó y apretó en banderillas, tanto que a Prestel, tras la salida del segundo par y tras empotrarse contra el burladero, lo tuvo a merced en la misma tronera. Una angustia. Marco lo había saludado de rodillas en una muestra de sus intenciones esta tarde. No se iba a dejar nada dentro y eso hizo. Puso toda la artillería, atacó, que es lo que se le exige a los jóvenes, y aprovechó las virtudes del gran toro. Por los dos pitones embistió mucho y bien. Fijo y pronto. Embestidas con importancia. Ligado el toreo en redondo del charro, la mano bajo y el buen dibujo de los naturales, templado por esa mano, y explosivo en el toreo accesorio como los circulares invertidos o las luquecinas de cierre. Se entregó a la hora de entrar a matar, como en toda la faena, cobrando una excelente estocada. Se le pidieron con fuerza las dos orejas.

Entreabierta la puerta grande, al ofensivo y astifino sexto lo recogió con un vibrante saludo. Brindó a Perera una faena efectista, entusiasta y muy jaleada. Volcados los tendidos de sol con el salmantino. El mérito de Marco fue no aburrirse con el toro, siempre a media altura, sin humillar. Le buscó las vueltas. Una faena sin estructura pero con la listeza hasta encontrar el premio final por el soberbio sopapo con la espada. Una monumental estocada que valió por sí misma la oreja.

La tarde traía otro debut: el de Víctor Hernández. Su puesta en escena fue un templado quite al que daría réplica Perera. Su primera faena, de fenomenal asiento y firmeza, pecó de cierta frialdad. Contó en su haber la manera de atalonarse sobre la arena, la búsqueda siempre de la buena colocación, ninguna concesión a la galería y ese querer enroscarse las embestidas detrás de la cadera. Ahí quedó la hondura de tres naturales como ejemplo de su concepto. Hierática la postura. Ese segundo toro galopó y fue franco sin terminar de emplearse. En el colofón, por bernadinas, hizo gala de su quietud. La estocada, un punto tendida, frenó la concesión de la oreja pese a la petición. Lo único agradable que tuvo el quinto fue la preciosa capa salinera. Áspero y brusco, tuvo difícil gobierno. Víctor Hernández trató de limar asperezas y aguantó tarascadas a media altura.

Abrió la función un toro noble, la clase, sí, pero también el escaso poder. La excesiva bondad del toro no transmitía. Miguel Ángel Perera hizo una exhibición de su gran virtud: el temple. Lo empujó hacia adelante con el imán que tiene por muleta. El pulso como secreto. También la medida. Jugó muy bien con las alturas y las series necesariamente cortas. Una tanda al natural fue la más lograda.

El cuarto fue devuelto tras lastimarse la mano izquierda. La lesión del toro era tan evidente que no se entendió la tardanza en la decisión de asomar el pañuelo verde -con cambio de tercio, consulta telefónica y gestos de entrar a matar mediante- en otro error de bulto presidencial como en la víspera. El manejable sobrero no se empleó. Se acopló el extremeño en una serie en redondo reunida, templada y ligada. Ese momento y el bonito toreo genuflexo de cierre fueron lo mejor de una faena a menos. Emborronó lo realizado con la espada en ambos turnos.

Valencia, martes 17 de marzo de 2026. Toros de Santiago Domecq (4º bis tras lastimarse la mano izquierda el titular), muy bien presentados, serios, con cuajo, bien armados; de variado juego. El tercero, completo y bravo en los tres tercios. Miguel Ángel Perera, silencio tras aviso y ovación con saludos tras aviso; Víctor Hernández, vuelta al ruedo tras petición y silencio; Marco Pérez, oreja con petición de la segunda tras aviso y oreja. Entrada: Media plaza. Los toros lucieron divisa negra por el fallecimiento el pasado noviembre de Ana María Bohórquez, madre y abuela de los actuales ganaderos.

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José Ignacio Galcerá

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