-Ponle título a tu última temporada. ¿Consolidación, crecimiento, sufrimiento…?
-Es difícil contestar a eso.
-¿Dirías consagración?
-Estaría feo que yo te dijese eso.
-¿Entonces?
-Te diría que compaginé la regularidad con mi concepto. Eso lo refleja bastante bien. Y que lo logré siendo fiel a mí mismo siempre. Para mí la fidelidad es obligada.
-La regularidad en los de tu género, si me permites la expresión, es algo especialmente complicado de encontrar.
-Sí porque se necesita un tipo de toro, un tipo de embestida, unas condiciones y también estar ese día en vena… se necesitan muchos factores que no siempre se dan porque no son matemáticos, y eso hace que vivamos condenados a la irregularidad. Además, a los toreros digamos clásicos, cuando no salen las cosas se nos nota mucho, no nos sabemos tapar.
-¿Para ti el toreo entiendo que es más letras que ciencias, más inspiración que técnica?
-Te diría que el toreo es una ciencia oculta. Una ciencia que no se puede estudiar ni desmembrar.
-¿Convenimos pues que la mejora en el 2025 llegó por la vía de la regularidad?
-Sí. Para que sucediese así tengo que reconocer que la suerte estuvo de mi parte. Me embistieron toros en los sitios importantes como fue el de Sevilla, el de Pamplona, el de Madrid… en sitios donde por mucho que uno vaya con la mejor de las intenciones, te tiene que ayudar el toro y en mi caso, como en el de todos los toreros clásicos, te tiene que ayudar además de una determinada forma para que puedas sacar lo que sientes como torero y eso el año pasado fue así.
“El toreo es una ciencia oculta. Una ciencia que no se puede estudiar ni desmembrar”
-¿Por qué hablas de toreros clásicos cuando habitualmente decimos toreros de arte?
-Porque lo de torero de arte me suena a superficial. Suena no sé… me gusta más torero clásico.
-¿Vuelve a cotizarse el toreo clásico?
-El toreo clásico nunca pasa de moda. Siempre se cotiza y en el peor momento siempre resurge. La tarde del festival de Madrid se demostró una vez más con la faena del maestro Curro Vázquez. Los jóvenes, que no habían visto esa forma de torear, cuando se encontraron con esa tauromaquia se emocionaron. Fue la demostración de que lo clásico siempre cotiza.
-Pero sí da la sensación de que se trata de una cuestión cíclica, parece que haya un momento para cada bando.
-Tiene algo de cíclico, cierto. Viene marcado por los toreros que hay en cada momento. Cuando el ciclo de un concepto o de una forma llega a su cúspide parece que se quiera realzar lo contrario. Hemos vivido una época en la que imperaba un estilo más poderoso o más técnico, como se quiera llamar, o más de arrojo, y de un tiempo hacia acá el aficionado busca la vuelta a lo clásico.
-¿Has llegado a envidiar a los de la acera de enfrente, entiéndase a los de arrojo, a los técnicos?
-Todos los días. Más que envidiar te diría admirar. Admiro a todos los que hacen cosas que yo no soy capaz de hacer. Incluso en ocasiones les admiro más que a los que tú dices de mi acera.
Es Pablo Aguado, sevillano de la misma Sevilla, sevillano de cuerpo y alma. La naturalidad, la ocurrencia, la pincelada, lo justo, también lo necesario, la delicatessen frente al plato de cuchara. En su credo está prohibida cualquier crispación, su toreo es el sinesfuerzo (aparente, claro). Mandan las muñecas, el vuelo del engaño, la paz… la paz siempre por encima de la guerra. Es lo clásico como le gusta decir. La irregularidad la vence con expectativas, con la certeza de que vale la pena esperar. Hemos quedado. Viene de entrenar. En él, me cuenta, es un hábito mañanero. Fundamentalmente es el toreo de salón lo que le ocupa, no se debe perder el maridaje con los chismes. No olvida lo físico, pero no es Aguado, me cuenta, torero de machacarse físicamente. Ni creo que le haga falta. Le vale con lo justo para mantener la forma. Como él dice hay que acabar el entrenamiento en pie.
-Pablo, creo que fue Curro quien dijo que no le gustaban las ferias con tambores. ¿Y a ti?
-Supongo que se referiría a las ferias con peñas y mucho ambiente, al norte. Yo lo superé. Pamplona por ejemplo se me ha dado bien. Y uno habla de las ferias según le va. La pena es que este último año no maté el toro de Jandilla pero se me dio bien, me sentí muy bien y me gusta.
“Determinados toreros necesitamos un tipo determinado de embestida y además estar ese día en vena… se necesitan muchos factores y eso hace que vivamos condenados a la irregularidad”
-¿Crees que en Sevilla hay sitio para más de uno?
-En Sevilla hay sitio para todos los toreros. Y recogiendo la intención de la pregunta, todo torero que haga el toreo de forma clásica tiene cabida en Sevilla.
-¿Bajo la misma (mala) intención podríamos clasificarte como el más sevillano de todos los sevillanos?
-No sé ni tampoco lo busco. Es bonito que se hable mucho de coger el sitio del torero de Sevilla, de ser estandarte de la afición de Sevilla, pero me parecería muy vanidoso por mi parte, incluso entrenar pensando en eso. Además, como torero quiero aspirar a mucho más. Esa referencia me parece un poco artificial, un poco local, también un poco sectaria. Mi pretensión es encontrar la mejor versión de mí mismo y ser feliz delante del toro, si eso conlleva ser el torero de Sevilla o de Madrid bienvenido sea, pero no es objetivo cuando me pongo delante del toro.
.¿Cómo es tu relación con lo que llamamos la técnica?
-Ando deseando conocerla cada vez más porque te da muchos registros, te da seguridad fundamentalmente, pero cuando me acerco demasiado intento huir de ella.
-¿Y cómo llevas la asignatura de la responsabilidad ahora que has dejado atrás el papel de joven revelación y te has consolidado en un puesto de relieve?
-La responsabilidad siempre existe y es algo a lo que te vas acostumbrado. Cuando te llega de golpe como me llegó a mí, aunque más que responsabilidad cabría hablar de expectación, al principio pesa, pero te vas acostumbrando.
“Los ganaderos actuales son unos auténticos genios, han puesto a embestir a un toro con un trapío con el que antes era impensable que embistiese”
-¿Y ahora?
-Ahora que vas creciendo y tu lugar de joven revelación lo ocupan otros, crece la responsabilidad. Te ilusiona porque vas sintiendo que te acercas a ese sitio que todo torero sueña, pero a la vez ese nuevo rol te obliga a afrontar ferias con más responsabilidad y eso trae de la mano muchos miedos. Es difícil saber si me pesa más el miedo o la ilusión de estar cerca de conseguir lo que deseo, hasta el momento me pesa más la ilusión.
-Eso debe ser un peso agradable, positivo, lo deseado.
-Positivo, por supuesto.
-¿Aceptas que a los de tu cuerda, a los de tu condición artística, se os permiten más las desigualdades?
-Es una realidad. Ha sido así históricamente. Es la consecuencia de que esperan verte de determinada forma y cuando no salen las cosas sabiendo lo que eres capaz de hacer les vale la pena esperarte. Es muy bonito y muy gratificante pero también te obliga, te responsabiliza a que cuando salgan las cosas deben ser algo especial.
“Habría que rebajar el tamaño del toro que no el trapío. Se produciría un estado de ánimo más propicio para la creación”
-Que compense la espera.
-Eso.
-Elige entre unas palmas a la voluntad o una gran bronca.
-En los inicios de los toreros siempre consuelan más unas palmas, una bronca puede suponer algo demasiado fuerte para un chico, pero llegas a un punto de la profesión en el que prefieres, yo al menos, una bronca a un silencio. No es que lo prefiera… entiéndase, a veces una bronca torera como decía Paula, que no es una bronca porque sí, es mejor que un silencio de pasotismo o indiferencia.
-¿En el toreo hay que modernizarse o protegerse?
-En lo que es la relación con el toro, en lo que le hagas, en lo que seas tú como torero, hay que protegerse.
-Niegas la conveniencia de la evolución.
-No. Hay que evolucionar, pero siempre mirando hacia atrás que también es una forma de evolucionar. Cuando el toreo artísticamente está plano, el volver a lo clásico también es evolucionar. Evolucionar volviendo al pasado.
-El toreo en realidad es un arcaísmo, eso sí, cargado de valores. ¿Lo compartes?
-Arcaísmo porque mantiene el rito casi como fue en sus inicios, porque mantiene su sentido inicial, y ese arcaísmo debe conservarse. Luego en lo que tiene de negocio sí tiene que evolucionar. Me refiero por ejemplo a la promoción…
-¿Cómo ves el toreo en la sociedad actual, nos miran bien, mejor que estos años atrás, nos tienen en consideración, nos desprecian… a los toreros les siguen dando mesa aunque el restaurante esté lleno?
-Si son amigos sí… ja, ja, ja. En serio, estamos en un momento maravilloso. A mí me enfada mucho escuchar a algunos aficionados decir que estamos peor que nunca. Esa frase la han dicho en cualquier época del toreo, para muchos siempre estamos peor que nunca y desde luego en este momento no es así. Yo veo una cantidad de gente joven en las plazas como no la había habido nunca y eso augura un gran futuro. Fíjate, no hace tanto no había día que no hubiese un debate en la tele sobre toros sí, toros no y eso hoy día es impensable. El cómputo general del momento es buenísimo.
MÉRITO DE LOS GANADEROS
-Hablemos del toro. Si vale mi opinión, desde que tengo uso de razón es el mejor momento del toro de las últimas décadas. ¿Lo compartes, tú que te pones delante?
-Vivimos un momento dorado de la ganadería. Yo no he vivido otras épocas, pero escucho a los maestros que sí las vivieron y la conclusión es que los ganaderos actuales son unos auténticos genios que han conseguido una regularidad impresionante. Han puesto a embestir a un toro con un trapío con el que antes era impensable que embistiese. No hay ninguna gran feria en la que no embistan seis o siete toros de categoría. Y eso es mérito exclusivo de los ganaderos.
“A los toreros digamos clásicos, cuando no salen las cosas se nos nota mucho, no nos sabemos tapar”
-¿Rebajarías presentación?
-Sí y no por quitar emoción al toreo ni por buscar la comodidad del torero sino por facilitar que el público salga satisfecho de la plaza. Hay una cuestión más que demostrada, que si el toro está en sus hechuras embiste más. Eso a pesar de que los ganaderos han puesto a embestir, como digo, a un toro del trapío de Madrid o de Pamplona. Si los pusiésemos en las hechuras que han tenido siempre aún embestirían más, seguro.
-Más de uno se rasgará las vestiduras.
-He dicho bajar el tamaño, no bajar el trapío. Yo he pasado mucho más miedo delante de un toro más bajo, pero con su cara colocada, que delante de un toro enorme con dos pitacos al que no le veía la cruz.
-Y hasta el torero rendiría más.
-También, lógico, sobre todos los que tenemos un determinado concepto del toreo. Se produciría un estado de ánimo más propicio para la creación.
-Hablemos del miedo. ¿Lo conoces?
-¡Hombre!... mucho más que al valor. El miedo es un estado de ánimo del que huimos los toreros pero que cuando no lo sentimos, lo buscamos. El día que no siento miedo me asusto mucho. Es un trago que hay que pasar. Y hay que saber digerirlo, incluso saber disfrutar de ese momento del miedo.
-¿Disfrutarlo?
-Hay un momento en que todo se pone cuesta arriba y lo ves todo imposible pero que cuando sale el toro y estás delante de él hace que te sientas el doble de torero. Todo lo que has pasado en la habitación y en el patio de cuadrillas en ese momento de superación te hace sentir más grande.
-¿Y el valor?
-El valor es la capacidad de cada uno para enfrentarse al miedo, la capacidad para transformar esos momentos difíciles que te digo en algo positivo y hasta disfrutar de ese miedo. El valor está en darle la vuelta a la tortilla y convertir el miedo en amigo tuyo. Luego hay otro valor más superficial que es el del arrojo, el de la raza, el empujoncito p´adelante, que también es importante pero el verdadero valor es el de mirarle la cara al miedo.
-¿En la plaza hay que mostrarse feliz?... Conviene sonreír, sonreirías como estrategia.
-Jamás. Se me notaría mucho. Hay días que estoy muy serio, incluso irascible y otros que estoy en el patio de caballos sonriendo porque me sale. Incluso disfruto del momento. En un caso y otro me muestro como me siento. Eso forma parte de la naturalidad y la pureza del toreo.
“El miedo es un estado del que huimos los toreros pero que cuando no lo sentimos lo buscamos. El día que no siento miedo me asusto mucho”
-¿Llegas a mostrarte irascible?
-Sí. Los días previos a tardes importantes, sí. Yo creo que en esas circunstancias todos los toreros nos volvemos irascibles entre otras muchas cosas.
-O sea, un día de esos te encuentro, te saludo de lejos y sigo.
-Bueno… depende. Yo soy muy cambiante. Igual te doy un abrazo que no te conozco.
ENTRENAR Y HABLAR
¿Cuál es la preparación de un torero de los considerados clásicos?
-Hago algo de deporte, pero sin obsesión. Tuve una etapa de novillero en la que el deporte era la base de mi entrenamiento hasta que me di cuenta de que eso era un engañabobos. Me hacía perder mucho tiempo, quitárselo a lo que era realmente importante como es el torear de salón incluso el hablar de toros o ver entrenar a un compañero. No todo entrenamiento es con las zapatillas de deporte puestas o con la muleta en la mano. A mí me gusta mucho entrenar hablando y pensando.
-¿Un referente en la historia?
-Uno es imposible. Si te digo uno cuando nos vayamos lamentaré no haberte dicho otros muchos.
-Te lo pregunto de otra forma, por quién pagarías una entrada para ir a verle.
Silencio, piensa…, se decide por Pepín Martín Vázquez.
“El valor está en darle la vuelta a la tortilla y convertir el miedo en amigo tuyo”
-¿Imposición o convencimiento?... ¿le damos la razón al toro o…?
-Convencimiento, convencimiento. Claro, habría muchos matices, depende de qué clase de toro tenemos delante, pero por lo general convencimiento.
-La naturalidad en tu caso la entiendo como natural.
-Si no, no sería natural.
-Podría ser artificiosa, voy a hacer algo porque toca y …
-Si alguna vez he intentado hacer una suerte de una forma no natural el resultado ha sido horroroso. La naturalidad buscada es una parodia, algo fofo.
-En tu profesión el toro es el gran referente del peligro pero un apoderado sin plazas… eso sí es un riesgo tal como están las cosas.
-Desde novillero me apodera la familia Vázquez y no he tenido necesidad de cambio. Me conocen y me defienden en lo que me tienen que defender. No se trata de un acto de rebeldía con el sistema ni que sea yo el raro, simplemente que lo que funciona no hace falta cambiarlo.
“En Sevilla hay sitio para todos los toreros. Todo torero que haga el toreo de forma clásica tiene cabida en Sevilla”
-¿Nunca te sentiste perjudicado digamos que… por imperativos del sistema?
-Puede ser que en algún momento por los intereses de unos y otros al no tener nada que dar más que lo que soy como torero, me haya podido sentir perjudicado en alguna cosa pero en el cómputo general no. A la vista está, temporada tras temporada, corridas arriba corridas abajo he estado en un sitio de privilegio.
-¿Eres muy intervencionista a la hora de las contrataciones, marcas mucho la pauta?
-Me gusta mucho hablar de las contrataciones con los apoderados. No se cierra nada sin que lo hablemos antes y eso es sano y algo que agradezco a mis apoderados. Funciona. Estamos en sintonía en todas las decisiones.
-¿Me recuerdas alguna tarde, algún toro en el que echaste las cartitas?
-Deja que piense, no sé… Sí, sí, ahora se me viene uno a la mente. Acabó en bronca. No me preguntabas por las broncas, ahí tienes una. Pasó en Madrid, con un sobrero, era una corrida de mucha expectación que no estaba resultando y ante otro toro sin opciones para qué iba a alargar aquel suplicio. Me cayó una lluvia de almohadillas que respondían al cómputo de la tarde. Si ves que no puede ser para qué vas a ir enredando por allí.
“Que te esperen es muy bonito y muy gratificante pero también te obliga a que cuando salgan las cosas deben ser algo especial”
-Y al contrario, recuérdame una tarde de tirar para adelante.
-Alguna tarde, sin comerlo ni beberlo, casi sin tener culpa de aquello, has emocionado al público. Ha salido el toro, te has puesto a torear y en un plis plas se han emocionado. Es una sensación muy bonita.
-Y de asustarte a ti mismo, de meterte en una guerra y decirte qué estoy haciendo.
-También ha habido alguna tarde en la que me ha cogido inspirado en ese palo. De afrontar el compromiso y echarte para adelante, de cruzar la línea en un toro complicado. En ese momento no te pesa por ese empuje interior que llevas, pero cuando acaba la tarde o con el paso de los días te das cuenta y te dices hay que ver cómo me puse con el toro ese. Eso surge cuando te coge con el cuerpo dispuesto a echarte adelante.
-“Espero no conseguir nunca la mejor versión de mí…” es una frase de una entrevista que mantuvimos hace un tiempo. ¿Lo mantienes?
-Lo mantengo. No encontrar tu mejor versión hace que te ilusione seguir buscándola. Cuando uno va a torear de salón queriendo mejorar algo va con un celo distinto. Cuando todo está calmado, aunque sea en el éxito, uno humanamente se acomoda, hasta se aburre. Las mejores sensaciones que he tenido, cuando más he saboreado un triunfo es cuando viene precedido de un fracaso anterior.
“Admiro a todos los que hacen cosas que yo no soy capaz de hacer. Incluso en ocasiones les admiro más que a los de mi concepto”
-“En todas las artes, incluyo al toreo, cuanto menos se sepa mejor…”, eso me dijiste.
-También lo sigo manteniendo. No soy un gran entendido de vinos y cuando me ponen una copa no me paro a pensar en los aromas ni en otras cualidades que analizan los conocedores, veo si me gusta o no y en el toreo sucede lo mismo. La inocencia, la falta de un conocimiento exhaustivo te hace tener un criterio muy virgen, muy guiado por lo que te ha hecho sentir en el momento.
-Más. “Se confunde mucho el concepto de torero artístico con la fragilidad, con el no apostar”…
-Por eso huyo de esa etiqueta. Como te decía, lo de torero de arte suena a frágil, suena a blando o superficial, el concepto clásico es más sólido, más antero. En esa asociación de torero artista y fragilidad se nos olvida acordarnos de Pepe Luis Vázquez, de Manolo Vázquez, de Curro Vázquez, de Manolo González… eran toreros que entraban en ese concepto de artistas, pero eran toreros bragados.
-Todo se explica pues. Bragaos y artistas, así cualquiera.
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