No todos los ganaderos son igual de prudentes a la hora de medir sus palabras. En privado o aparte –off the record- el ganadero cuenta su verdad. Y el torero, la suya. Es difícil que converjan o coincidan los puntos de vista. La lidia de un toro, que es geométrica pero no matemática, se somete a la ley de los imponderables. Un toro es sustancia maleable, frágil. “¡Ah, si los toros pudieran hablar...!”. Pero no hablan.
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