Fue César Rincón y su brutal éxito en España en 1991, el que me quitó la pereza de pasar de América. Sólo conocía un Perú centrado en la histórica plaza de Acho, con una afición que sí tenía un halo sevillano, un suspiro similar a la Real Maestranza. Aquella tarde se combinaban los sabores clásicos de Antoñete, con los colores personales y más chillones de aquel buen hombre que era Antonio José Galán. Me gustó aquella plaza en un Perú muy lejos del esplendor económico de ahora. Había explorado también la tauromaquia en Ecuador, con un coso de Iñaquito más festivalero que profundo. Buena gente, madrugón y un clima propio de las cuatro estaciones de Vivaldi. Primavera al despertar, verano ardiente al mediodía y el sombrero imprescindible para ver los toros, el otoño llega en el último arrastre y la noche, en esa mitad del mundo, es puro invierno. Me gustó la gente, su bondad, su diversión. Pero Quito era más festivo que profundo. La pena es que lo han cegado los políticos antitaurinos y también antiespañoles. Porque en este crecimiento económico de los pueblos americanos hay un cierto intento de quitarse la piel del colonialismo. Colonia y Colón cuadran cada vez peor con los nuevos políticos. Unos hechos en Norteamérica y otros en la guerrilla o en neocrecimiento del sentimiento indígena.
El recortador Jonathan Estébanez “El Peta” ha sido herido de gravedad en el concurso de…
"Para la recuperación de la fractura me dijeron que de 4 a 6 semanas. Llevo…
De San Blas a San José, las primeras ferias de la temporada lucen diferentes y…
El cohete que advierte del inicio del encierro ha corrido a cargo de Tomás Páramo.…
Un coso al que regresaron los toros por todo lo alto tras varios años de…
La capital charra ha vuelto a rendir honores un año más al maestro con la…