Pensaba olvidarme del tema abolicionista y de toda esa marea negra, el chapapote anti que arrolla al toreo por doquier y tanto deprime. Es una agonía, un gota a gota insaciable. Son de verdad hartibles, que diría un andaluz, y esa es seguramente su ventaja. Pero callar, entiendo, es perder. Hay que mantener viva la voz de la protesta, hay que huir del entreguismo y quejarnos, reivindicarnos aunque sea a título individual. A falta de un plan calculado, generar cuanto menos incomodidad. En la mayoría de los lugares donde se les ha hecho frente se les ha vencido. Ellos, los anti, tienen los medios, la voluntad, la connivencia de la clase política, en realidad son los mismos, juegan con una tendencia pública favorable porque se lo han trabajado y cuentan con el favor de los medios de comunicación que han tomado partido claramente y tratan la cuestión con un desequilibrio palmario. Con esas armas insisten e insisten desde las corporaciones públicas con dos objetivos, borrar del mapa el toreo y todo lo que representa o dicho con más propiedad, lo que ellos creen que representa y, sobre todo, disimular su falta de eficacia en la gestión.
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