Lo peor de los inviernos taurinos es que no sirven para la reflexión y el remedio de los problemas. Más aún: es que no se da ni un paso, ni un intento de aproximación, ni un renunciar un cachito a los intereses personales; y buscar el bien del colectivo que en definitiva es el futuro de este gran espectáculo que podría ser un gigante pero condicionado por unos pies de barro.
Lea AQUÍ el artículo completo en su Revista APLAUSOS Nº 1953
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Perdemos los inviernos
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