Hay una especie de degradación visible en la relación entre el periodismo especializado en Tauromaquia y la élite de los protagonistas de la misma Tauromaquia. Hablo de una degradación de relación directa entre las partes. De un tiempo hasta el presente, la relación humana/profesional entre el torero (con su nombre y apellido) y el periodista (con su nombre y apellido) pasa por un filtro mediador. Unas veces el llamado jefe de prensa. Otras veces alguien similar. Pocas veces el apoderado. Pero ese filtro o aduana, que jamás existió, ahora ya no sólo es costumbre, sino una especie de prurito que, al hacerlo, le concede al torero mas categoría.
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