La pasada semana mencioné a una serie de toreros de los que han dejado huella en mi memoria de aficionado, por su personalidad o sello. Ni entre los de mi primera juventud ni entre los de ahora incluí a José María Dols Abellán, y alguien me lo ha echado en cara. Pero no se trata de un olvido, sino de que tenía la intención de tratar de explicar en capítulo aparte lo que significó el hijo de Pepe Manzanares, también de caro recuerdo, en mi vida de aficionado. Manzanares, junto con Niño de la Capea, Dámaso González, Julio Robles, Emilio Muñoz, Luis Francisco Esplá, Paco Ojeda y unos pocos más, vinieron a sustituir a un fenómeno sociológico llamado “El Cordobés”, y llenaron una época que podríamos denominar de “entreguerras”. Tampoco hice mención de Miguel Mateo “Miguelín”, otro verso suelto del toreo muy anterior en el tiempo, que para mí fue el precursor de Benítez y del cual tengo almacenados en el rincón de mis recuerdos momentos extraordinarios de creatividad, desparpajo y torería difícilmente igualables.
Lea AQUÍ el artículo completo en su Revista APLAUSOS Nº 1965
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