Hace más de medio siglo quedaron regulados por mínimos los pesos de los toros de lidia en las plazas de primera y segunda. La norma, cuestionada en su momento, parece ahora mismo ajena a la realidad. Sin embargo, la exhibición de los carteles del peso y la aparición ya fija de los carteleros, con la excepción de Sevilla y Pamplona, se han incorporado a la larga serie de factores que pueblan las corridas de tiempos y más tiempos muertos y pervierten por eso el sentido de la función. Las corridas interminables son plaga.
- La relación entre las hechuras y el peso de un toro es lateral o secundaria. Lo mismo puede predicarse del trapío. La reglamentación de los mínimos de peso está tan manifiestamente obsoleta que mañana mismo se podría suprimir sin alterar para nada el principio elemental de que un toro lo sea y lo parezca
- La tardanza de los mulilleros en aparecer una vez apuntillado el toro, su caprichosa remolonería y las argucias de los terceros de cuadrilla para pretender forzar las decisiones del palco, son vicios de fondo y forma que deterioran y condicionan la seriedad del espectáculo
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Pesos, pesados, pelmas
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