En 2001 bautizaron en Logroño la nueva plaza de toros con el nombre del parque donde se levantó: La Ribera. En rigor, al antiguo despoblado donde ahora conviven la plaza de toros y un cuidado parque ajardinado lo llamaba la gente “las huertas”. No hará falta explicar por qué.
Hasta el año 2008 resistió heroicamente la última huerta sembrada y cosechada. Luego, vinieron el Palacio de Congresos y Auditorio -edificio distinguido, frío, muy de firma-, un hotel de lujo que parece aislado intencionadamente, una Escuela de Comercio y algunas viviendas de burbuja.
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