A la hora del “pobre de mí”, hay que destacar que buena parte de las primeras figuras del toreo actual han faltado este año a la cita con San Fermín. Algo parecido a desertar frente al enemigo en el campo de batalla. Ante la disyuntiva de lidiar una corrida de toros encastada, con romana y pitones, han optado por la comodidad de la ausencia. Dirán que es por el jolgorio, el ruido y la poca atención que prestan a lo que ocurre en el ruedo los pamplonicas en su feria. Pero eso son excusas de mal pagador. Primero porque no es cierto, puesto que cuando ocurre en el ruedo algo que vale la pena el público responde con la misma euforia con que canta, baila, merienda y se divierte. Y en segundo lugar porque una corrida de toros no es un concierto de piano con la Quinta Sinfonía de Beethoven en el pentagrama. Dejémonos de monsergas y al pan, pan, y al vino, vino. Los que no comparecen en San Fermín es porque no quieren pechar con el toro-toro.
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