Claro que las figuras son importantes. Muy importantes. Por eso han llegado ahí arriba. Y han recorrido el camino natural. Algún día fueron principiantes, noveles, chavales con algo que enganchó a la afición. Y luego fueron capaces de madurar, de acertar, de triunfar y de abrirse camino. Y de redondear su magisterio en la cúpula del toreo. Claro que son importantes. Más aún: son vitales. Y tienen la primacía ganada en las ferias.
Pero lo bueno de este espectáculo es que todos los días tira la moneda al aire. Todos los días, y más en las ferias grandes, se examinan las figuras, los que aspiran a serlo, los nuevos y hasta los que estaban ahí en el olvido del duro banquillo que no acabó con ellos. Esta es una profesión de puertas abiertas. Más aún: una profesión que se regenera con dos cosas. Una: con el magisterio de las figuras señeras. Y dos: con el aire fresco de las novedades y la competencia.
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