O tra vez. Quiero serlo para llevar a mi hijo/a de la mano a una corrida de toros y pasarme por el arco de mi libertad toda normativa que me impida llevarlos donde y como sea. No por el hecho de ser “míos”, sino por el hecho de ser “hijos”. Soy un español que firma bajo palabra que todo sistema o norma que dirija, prohiba o impida que un “hijo” acuda a un espectáculo que es Patrimonio Cultural de mi país, es un fascismo o totalitarismo evidente que impide y cercena mi derecho, el de educar a mis hijos. Como ordenen mis convicciones, creencias, ideas y, por qué no, a veces, como se me ponga de los cojones, siempre que estos no se pongan en contra de la ley. Y donde los pongo, mis cojones, la ley me ampara. Aún. A mí estos tipos y tipas revisionistas que impiden que una pareja pueda acceder a un festejo taurino porque sus hijos son menores, me parece estalinismo puro y duro. Vamos, que no es nada nuevo. Todo lo que rodea a Podemos, a los animalistas y a sus grupos ad hoc, es estalinismo, totalitarismo, revisionismo y un puritanismo ideológico cuya perversión anula toda idea de libertad en democracia.
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