La semana se volvió loca. Sucede una vez al año. O dos. Más no habría cuerpo que lo aguantase. Intensidad máxima. Cornadas y triunfos sin cesar. Si fuese una carretera habría que señalizarla, sería el puente trágico. Arrancó con lo de Luis Mariscal en Sevilla, sucedió en el mismo tercio maldito de aquel ruedo en el que un 1 de mayo de 1992… Y siguió con la eclosión de Manzanares, ese sería el puente de las artes, sucedió en San Sebastián, en Málaga y en El Puerto, precisión de ingeniero y alma de artista en tres tardes que van a ser referencia de la temporada. Sucedía al mismo tiempo, su racha dura todo el año, que tronaba el ataque continuado de Juli, insoportable para sus perseguidores si es que todavía persiste alguna ilusión perseguidora en sus compañeros. Recordó Ponce esos días, en Málaga, Ciudad Real y Cuenca, que no se va ni tiene por qué. Llegó esa faena de Morante en Cantalejo, ya sé que Cantalejo es Cantalejo pero también sé que la historia del toreo está preñada de grandes faenas en los pueblos de toda España que ya hubiesen querido para ellas las plazas de ringo rango.
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Puente trágico, puente de las artes
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