La carrera de Yiyo fue corta, pero brillante e intensa al mismo tiempo. Apenas un par de años le bastaron para erigirse en figura. Nada descabellado teniendo en cuenta la clase de torero que era: capotero fácil, de gran empaque; muletero artista y poderoso; y estoqueador puro y contundente. Pronto supo ganarse un hueco en el corazón de los aficionados, espacio que aún hoy le reservan los paladines del buen toreo
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