Tanto hablar de encerrona por todas partes, la encerrona de Román escuchabas allá por donde fueses. El palabro no puede ser más feo ni más inexacto, aunque de tanto repetirlo al final pareció que sí era encerrona. Y no era una encerrona porque ni nadie le obligó, ni Román es ganado, ni era emboscada ni trampa ni cosa de malhechores, que son algunas de las acepciones que le confiere la RAE al maldito palabro, así que ni de lejos la machada de Román merecía ese calificativo, pero esa es una más de las desafortunadas palabras que van desnaturalizando el rico y preciso vocabulario taurino actual. Desde los callejones e incluso desde los puestos de comentaristas, escuchas expresiones como: Empújale, empújale para adelante, ¿empujarle al toro?, te preguntas, y sí, eso dicen, o limpia el muletazo, o el toro suelta la cara o redujo la embestida… y tantas y tantas otras expresiones que afortunadamente no se me quedan en la memoria. Eso sin contar las veces que dicen que el toro es bajo como si en esa condición estuviese el secreto de la excelencia, como si los altos no embistiesen o fuese la madre de todas las cualidades o como si hubiesen descubierto el gran secreto, sin reparar que tan elemental apreciación está al alcance del más primerizo de los aficionados o quizás por eso. Y no digo que el dichoso palabro gafase el resultado, que a punto estuvo, ni trato de echarle las culpas del desenlace que todos hubiésemos querido que fuese mejor de lo que fue al empedrado, al fin y al cabo, bien está lo que bien acaba y acabó entre clamores.
¿Y si no era una encerrona?, me dirán, pues era lo que fue, un ataque de orgullo del torero, las ganas de tener entidad propia por parte de Román, de buscar una plataforma desde donde crecer, necesidad de ser protagonista y romper ese círculo maléfico que hacía que por fas o nefas nunca le reconocieran en lo que valía, que valía y méritos sí tiene; ni nunca siquiera se pusiese en valor su condición de valenciano, ni antes ni después y ya veremos qué sucede a partir de ahora. Y no digo que no tenga responsabilidad en el desenlace el propio torero que lo deja todo a la suerte y poco a la reflexión y todos lo aceptan/aceptamos bajo el paraguas de son las cosas de Román y sí, es verdad, pero siempre he tenido la sensación de que por unos u otros o por él mismo las cualidades de Román no se valoraron en lo que merecían ni le dejaban crecer como correspondía a la entrega. Desde el domingo hay que mejorarle el tratamiento.
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Que no era una encerrona, que no
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