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¡Que se pare Madrid! que ahí va Morante de la Puebla

La historia hoy es de Morante de la Puebla. El torero, ataviado con un terno de la antigua Roma, ha sometido a su propia Galia. Madrid ha caído y con ella la historia del toreo.

Su puerta grande trasciende la propia salida a hombros. José Antonio se ha consagrado para la historia y Morante, el torero, ha endiosado su figura. Su verso lento, su letra fina, su mirada felina son parte ya de un nuevo e inigualable capítulo del libro de la tauromaquia. Quizás es pronto para afirmar con rotundidad si Morante es el mejor torero de la historia, pero el tiempo, estoy seguro, sí que lo hará.

Lejos parecen quedar las marismas en las que navegó sin rumbo el torero. El frío que tantas noches abrigó la marchita mente de un genio que no entiende de tiempo. Su olvido, su dolor ardiente, sus lágrimas de río bravo son ahora manantial de la tauromaquia más pura. Morante de la Puebla ha resucitado a José Antonio, o al revés, quién sabe. Pero uno y otro, el mismo, se han levantado para construir tres obras en esta Feria de San Isidro, que pasan a formar parte de una galería exquisita.

Su tauromaquia antiquísima ha sublimado el toreo en la monumental de Madrid. Ya nadie se acuerda si la espada cayó baja o alta. Ya sólo hay recuerdos para una salida a hombros que es imagen de Madrid: miles de aficionados agolpados, encaramados a farolas y pilones, tratando de poder tocar a su héroe. Morante transformado en el héroe de una epopeya griega. Quizás, el mismísimo Ulises, hubiese encontrado su inspiración en el torero de La Puebla, durante su regreso a Ítaca. Madrid no fue Troya, pero se pareció.

El tráfico en la calle Alcalá se tuvo que cortar. La masa, ingobernable por la emoción, subía al torero rumbo al hotel. Madrid vio recorrer a hombros, por sus calles, la historia viva de la tauromaquia. En volandas, atrayendo las miradas de todos los transeúntes, que asistían atónitos a una estampa inigualable. Quizás, y sólo quizás, no sepan lo afortunados que han sido de poder presenciar ese momento ¡Que se parase Madrid, porque ahí iba Morante de la Puebla!

Es difícil que las letras y las palabras puedan definir lo que se vivió en la plaza de toros de Las Ventas. El arte es así. Difícil de transmitir y de expresar. La tauromaquia, obra efímera en sí misma, ofrece aún mayor complicación para expresar lo vivido. Al escribir estas líneas me viene a la mente una frase que hace tiempo escuché: "No sé si van a creerme si cuento lo que he visto". Hoy, con orgullo, puedo decir que viví en la época de José Antonio Morante de la Puebla. Gracias, José Antonio. Gracias, Morante.

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¡Que se pare Madrid! que ahí va Morante de la Puebla

Álvaro Solano

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