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¡Qué tarde de toros!

López Simón ha vuelto a sonreír. Ha recuperado la naturalidad y, con ella, la calidad que hizo concebir fundadas esperanzas de que llevaba dentro una notable figura del toreo. Por fin ha dejado atrás López Simón el lastre y los malos mengues que lo tenían triste, envarado y sin alegría.

López Simón ha vuelto a sonreír. Ha recuperado la naturalidad y, con ella, la calidad que hizo concebir fundadas esperanzas de que llevaba dentro una notable figura del toreo. Por fin ha dejado atrás López Simón el lastre y los malos mengues que lo tenían triste, envarado y sin alegría. La de esta corrida de San Juan en Alicante fue el día de su resurrección. ¡Albricias! El de Barajas superó la gran prueba, y el toreo sale ganando.

Enrique Ponce, en el cuarto de la tarde volvió a inventarse un toro para crear con él una obra maestra de su inconmensurable arte torero. Es imposible mayor sabiduría lidiadora, más sentido de las alturas, las distancias y los terrenos de las que puso sobre el albero alicantino el maestro de Chiva. Ni mayor entrega. Porque Ponce, fue este sábado el “sumun” de todas las condiciones que hacen falta para mandar en la cumbre del toreo. ¡Lástima de pinchazo recibiendo! Pero, así y todo, los olés y los gestos de estupor en los tendidos escoltaron su artística hazaña.

Y Manzanares. Recio, viril, elegante y empacado fue José Mari en su plaza la digna reencarnación de aquel padre que marcó una época gloriosa del toreo. De tal palo, tal astilla. El torero de la “terreta” fue este sábado más Manzanares que nunca. La vuelta al ruedo, con su hijo llevando en su pequeña mano una de las dos orejas cortadas al quinto de Juan Pedro Domecq, fue de nudo en la garganta. La emoción de una plaza llena hasta la bandera, una auténtica catarsis.

En cuanto a los toros de Juan Pedro, de seis, cuatro fueron de triunfo. Así y todo, había que entenderlos y algunos, como los dos de Ponce, cuidarlos y mimarlos como si fueran niños de pecho. Una tarde de las que hacen afición. Ponce, Manzanares y López Simón. ¡Vaya trío de ases!

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¡Qué tarde de toros!

Paco Mora

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