Se le ilumina la cara y se le quiebra la voz recordando todo lo que ha vivido y ha sentido en la plaza Monumental de Pamplona. Admite que no ha tenido valor para volver a pisar San Fermín desde que se despidiera en 2008, tras catorce años de reinado. Un ídolo, un emblema, todo un símbolo. Cada tarde fue un reto, un todo o nada. Conoce como pocos los secretos del público pamplonés, las claves para conectar con una afición tan pasional y tan personal como la sanferminera. Casi tres lustros de recuerdos, de romance. Pamplona es Liria y Liria es Pamplona.
- “Sentí que se me valoraba, me jaleaban, me sentía realizado como torero. Era tal la comunión que tenía con el público que daba mi vida cada tarde que me vestía de luces en Pamplona”
- “Se me pone hasta la carne de gallina cuando me acuerdo del grito ¡Pepín, Pepín! Fue un símbolo para mí. Era un grito muy sanferminero pero luego en otras plazas también me lo gritaban”
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Recuerdos de un reinado
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