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Roca Rey defiende su trono y Finito sueña el toreo en Lima

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El torero peruano reapareció en Lima con un triunfo contundente con el que demostró una vez más que las auténticas figuras del toreo tienen el deber de justificar su condición enfrentando y venciendo las distintas dificultades que les presentan los toros.

Al segundo de la tarde con el hierro de Paiján, que acudía con nobleza, prontitud y codicia, lo recibió finamente de capote, para luego llevarlo al caballo por delantales. Tras el castigo necesario con una vara que fue suficiente, quitó alternando chicuelinas y tafalleras que encendieron los tendidos, que se entregaron sin remedio a su toreo. Inició la faena de rodillas, con derechazos y cambiados por la espalda, siendo cogido sin consecuencias por un animal que cuando se quedaba corto, miraba buscando el bulto. Las series por la derecha cimentaron la faena, complementada por arrimones no exentos de peligro. Adornos y desplantes fueron el preludio de una estocada contundente que hizo rodar al toro sin puntilla. Dos orejas.

Con el cuarto de Santa Rosa, el diestro peruano dio una lección de cómo se lidia a un manso que de salida no quería embestir y buscaba las tablas. Roca Rey fue haciendo al toro, al que tenía que retener después de cada muletazo, metiéndolo en muleta hasta lograr pases de buena factura que mantuvieron la emoción en los tendidos. Pero el toro no llegó a romper, diluyendo todo el esfuerzo del espada.

Con el último, Roca Rey puso todo lo que el toro no tenía. Y eso era emoción.  El del Vellosino acusó falta de fuerza desde que saltó al ruedo y la lidia en su conjunto estuvo orientada a cuidarlo para preservar sus endebles facultades. Lo toreó con mucho temple llevándolo despacio sin obligarle ni bajarle la mano, mientras que por naturales se quedaba corto y sin lucir. Una gran estocada arriba le permitió arrancar otra oreja.   

FINITO, PARA EL RECUERDO

La faena de Finito de Córdoba al quinto de la tarde debe ser la mejor de todas las que ha hecho en Lima. Cuajó de principio a fin a Republicano, de Paiján, toreándolo con una lentitud asombrosa y esa natural elegancia que lo define como torero.

Lo recibió por verónicas aprovechando que la res acudía con fijeza, nobleza y recorrido, humillando al primer capotazo. El quite también fue por verónicas, tan lentas que se confundían con caricias. Inició el trasteo con pases por altos quietos y majestuosos, para luego someterlo en tandas de derechazos llenas de empaque y torería, que se superaban a sí mismas. Todo ello hecho con la mayor lentitud, suavidad y elegancia. Se impuso siempre sobre un animal noble y dócil que se dejaba torear hasta atrás de la cadera, para luego emprender la siguiente embestida. Molinetes, cambiados y adornos encumbraron más su obra. Lo toreó a placer y con comodidad, porque cierto es que el de PaijÁn tampoco exigió más al torero. Estuvo fatal con el estoque, perdió todos los trofeos que ya tenía asegurados, resignándose a una vuelta al ruedo plena en ovaciones.

Al primero del Vellosino, colorado, noble y colaborativo, el de Córdoba lo toreó a la verónica sobrado de clase y torería. Una vara al relance y otra que fue excesiva, mermaron las facultades del astado perjudicando el resto de la lidia. En la muleta el toro acudía pronto y humillado, tal como lo había hecho con las banderillas, pero sin la fuerza suficiente para trasmitir emoción a los tendidos. Aun así, consiguió buenos derechazos aprovechando el recorrido del animal que se rebozaba. Por el izquierdo también embistió con franqueza, pero con menor transmisión que por el derecho. Tras la estocada, recibió una ovación en el tercio.

Si tuviésemos que definir la antítesis del toro colaborativo, tendríamos que invocar necesariamente al tercero de Santa Rosa, que no dio ninguna facilidad para fijar, picar, banderillear, torear ni descabellar. Un manso descastado, incierto y mirón que, sin tener malas ideas, embestía en oleadas sin humillar.  Finito estuvo francamente bien. Aprovechó la movilidad y el poder del astado para meterlo en muleta en algunos pasajes, sometiéndolo con pases por el pitón derecho. A pesar de la brusca y desclasada embestida, el español pudo con su adversario, hasta bajarle la mano en un par de tandas que fueron bien celebradas.

Plaza de toros de La Esperanza, Lima (Perú). Sábado, 20 de noviembre de 2021. Toros de Vellosino, 1º y 6º; Paiján, 2º y 5º, este premiado con la vuelta al ruedo; y Santa Rosa de Lima, 3º y 4º. Finito de Córdoba, ovación, silencio y vuelta al ruedo; Roca Rey, dos orejas, oreja y oreja. Entrada: Lleno en el aforo permitido.

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Jaime de Rivero

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