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Castellón. Viernes 13 de marzo de 2026
Roca Rey abrió su faena de muleta con estatuarios en el tercio sin enmendarse un ápice. Le costó al público meterse en faena. Tenía cierta aspereza el toro en su embestida, embrutecida al final de los muletazos, y primero tuvo Roca Rey que ir construyendo la faena poco a poco, domeñando al toro y templando su viaje. A mayor mando, más entidad tenía la embestida. Faena larga del peruano, buscando esa tanda rotunda que no acababa de llegar hasta que se puso en terrenos de cercanías y con unos circulares poderosos, acabó rindiendo a la afición. Faena a más. Ahí en esos terrenos se siente a gusto y domina la situación. Justo en el momento en el que se fue a por la espada, sonó un aviso, antes de dejar casi todo el acero enterrado, en todo lo alto, aunque un pelín trasero por poner un defecto. Oreja con fuerte petición de la segunda, desatendida por un palco exigente.
No fue el quinto un toro de mucha clase y se apagó muy pronto. Pero Roca Rey salió con muchísimas ganas y disposición y estuvo en todo momento por encima de las condiciones del animal. Queriendo en todo momento y buscando abrir esa puerta grande que tenía entreabierta. Deslució la obra tanto algunos desarmes como el pinchazo en los blandos antes de dejar una media estocada. Silencio.
Con cadencia meció Pablo Aguado el capote frente al tercero, que embistió con ritmo y buen son. La naturalidad se hizo presente, toreando sin crispación alguna. Buen puyazo de Mario Benítez. Después llegó un quite por chicuelinas que tuvo compás i aires sevillanos. Todo iba muy hilado, con el público muy metido en la faena de principio final sin ningún tiempo muerto. Pareó con espectacularidad Iván García, que tuvo que desmonterarse junto a Sánchez Araújo. Torero el inicio genuflexo de Pablo Aguado con la muleta, ligado con un molinete y un pase de pecho airosos. Buen toro el de Matilla, que metió la cara por abajo, incluso parecía reducirse en el embroque. Y a más. La obra estuvo presidida por la prestancia del sevillano, aue todo quiso hacerlo con despaciosidad, aunque no mantuvo la intensidad del inicio. Los adornos finales tuvieron personalidad. Mató de media lagartijera pero tuvo que echar mano de estoque de cruceta, perdiendo así el trofeo que tenía ganado. Saludó una ovación.
Al último de la tarde lo pitaron de salida por su pobre presentación. Manseó en el caballo, escupiéndose rebrincado tras hacer sonar el estribo. Comenzó el público a intensificar su enfado con pitos y palmas de protesta. Dos puyazos se llevó el animal. Pablo Aguado la había toreado bien en un bonito recibo por verónicas rematado de una media muy elegante y luego quitó por el mismo palo. Apretaba a los adentros el toro en banderillas. Tenía una papeleta Aguado frente al de García Jiménez que solventó con oficio y no menos prestancia. Le cambió los terrenos de manera inteligente, le ganó el paso y la acción y logró sujetar la aquerenciada embestida. Con la muleta, siempre adelantada, giró sobre los talones y muy vertical consiguió hilvanar alguna tanda muy meritoria sobre la mano diestra. Escarbaba el toro y embestía a veces con disparo, pero sin ritmo. Muy torera y muy importante la actitud y la decisión de Pablo Aguado, que solventó los problemas y construyó una faena de nuevo presidida por el buen gusto y la naturalidad. Majestuoso el epílogo con estatuarios, cambios de mano y pases de la firma. Una delicia. Mató de una buena estocada.
El terciado toro que abrió plaza mostró desde salida tanta clase como falta de fuerza y empuje en los primeros tercios. Pero se vino arriba el toro en la muleta y sacó raza y transmisión, cogiendo los vuelos muy por abajo y humillando, con un celo que requería firmeza y autoridad. Mejor embistió por el pitón izquierdo, y ahí lo entendió muy bien Manzanares, toreando muy vertical y adornando su toreo con esa estética y elegancia que lo caracteriza. Fue alternando de un pitón a otro entre serie y serie. Mató de una de sus grandes estocadas que resultó efectiva. La petición de oreja fue injustamente desatendida. Silencio.
Salió abanto el cuarto, sin enterarse. Le dio un buen puyazo Paco María y pareció despertarse el animal. Pero tenía pocas opciones el toro, algo gazapón, sin romper adelante, sin fijeza… le costaba seguir la muleta y no siempre iba metido en ella. Manzanares lo intentó por ambos pitones, bajándole mucho la mano para poderle al astado, que nunca acabó de entregarse de verdad. Tenía cierta movilidad engañosa. Se fue a por la espada y mató de una gran estocada. Silencio.
Castellón. Viernes 13 de marzo de 2026. Toros de Hermanos García Jiménez y uno de Olga Jiménez (5º), desiguales de presentación y juego. José María Manzanares, silencio y silencio; Roca Rey, oreja tras aviso con fuerte petición de la segunda y silencio; y Pablo Aguado, ovación y oreja. Entrada: Lleno. Se desmonteraron Iván García y Sánchez Araujo tras parear al tercero.
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Roca Rey y Pablo Aguado, caras orejas en Castellón
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