La Fiesta de los Toros es una de las pocas cosas que se conservan con cierto grado de autenticidad, en este hermoso y puteado país. Por ello, esa nube ácida de políticos trincones y golfantes que hablan distinto y piensan con la parte de su cuerpo donde la espalda pierde su honesto nombre, la odia y desearía acabar con ella. El “aquí se muere de verdad” del toreo es un mal ejemplo para los mixtificadores que, cuando se les llena la boca de patria, en realidad sólo piensan en su mamanduca. En quiebra los valores cívicos, morales, políticos y religiosos, a rateros, estafadores y sinvergüenzas les rechinan los dientes ante la supervivencia de la Fiesta.
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