Sigue el ruido de sables en los despachos empresariales. Diría que en el toreo no sabemos estar tranquilos. ¿Fraternidad, solidaridad gremial, interés colectivo?... Qué es eso. Ante las dificultades evidentes del sector, basta con mirar las tablas de festejos para entender su gravedad, parece que se despierten las guerras internas con la virulencia de quien se ve obligado a defenderse en situación extrema. En este caso, ese es el drama, sin reparar en que el enemigo real está fuera a la espera de ver pasar nuestra defunción. Somos un gremio definitivamente cainita. No se me ocurre otra cosa cuando veo los incendios, provocados naturalmente, que circulan por las redes que han venido a sustituir con mayor capacidad destructiva y desde luego menos sentido del humor, las maledicencias de las viejas barras de bar. Es lo que hay. Cambian los medios pero no las intenciones. Madrid, Arles, Nimes, Bilbao y lo que pueda venir que vendrá como blanco de las diatribas.
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