Ayer me levanté pronto, sobre las ocho y media de la mañana. Dormí en casa de mi banderillero Montoya. El lunes pasé todo el día a su lado, fuimos a casa de un ganadero nuevo de aquí de Albacete que se anuncia como Hermanos Palacios...

Ayer me levanté pronto, sobre las ocho y media de la mañana. Dormí en casa de mi banderillero Montoya. El lunes pasé todo el día a su lado, fuimos a casa de un ganadero nuevo de aquí de Albacete que se anuncia como Hermanos Palacios. Entrené en el campo y después vimos juntos por televisión la novillada de Madrid. Se hizo de noche y ya me quedé durmiendo en su casa. Por la mañana, como os decía, madrugué y desayuné fuerte porque la jornada iba a ser dura. Me comí un bocadillo de lomo y me fui con Montoya a la finca del maestro Dámaso González y allí estuvimos entrenando y toreando de salón. El maestro no pudo quedarse con nosotros porque tenía lío en la finca, así que Montoya y yo nos hicimos un par de toros. La verdad es que el cabrón me revienta a embestir. Si fuéramos toros, él sería de Victorino Martín, sin duda, y yo en cambio sería de Núñez: soy más frío de salida, me cuesta calentarme, pero siempre voy a más...

Después de “lidiarnos” el uno al otro, me quedé entrando a matar al carro cuarenta o cincuenta veces. Al principio me costaba cogerle el sitio porque el carro no era igual que el que hay en casa de Nazario Ibáñez, mi cuartel general, pero al final acabé cogiéndole el aire. Luego me fui a correr. Intento correr día sí, día no. Esta vez hice unos nueve kilómetros. Me gusta correr bastante tiempo, correr distancias largas, porque quiero estar delgado y para quemar grasa no hay más remedio que correr en cantidad.

Más tarde comí en un bar de Albacete con mi apoderado, Santiago López, y el tercero de mi cuadrilla, Miguel Ángel García. Me pedí un plato de pasta de primero y una carne de segundo. Como veis, cuando no toreo en la plaza me privo de pocas cosas… Después fuimos a la finca de Samuel Flores, donde íbamos a tentar junto al maestro Enrique Ponce y Palomo Linares hijo. Nos tenían apartadas doce becerras pero el chaparrón que cayó poco antes del tentadero nos obligó a suspenderlo. Una pena, aunque no hay mal que por bien no vega y eso me permitió volver al bar de Albacete en el que comimos y ver la corrida de Madrid. Allí me tomé un bocadillo de salchichón y ya no cené nada luego porque no me gusta ni es bueno acostarse hinchado.

Anoche dormí en mi casa de Caudete aunque antes pasé por casa de mi hermano para ver con él un vídeo que me encanta sobre las salidas a hombros de José Tomás en Las Ventas. El documental es cumbre. Lo vi por primera vez con Montoya y anoche volví a tragármelo con mi hermano.

Hoy me he cortado el pelo, a mediodía he matado dos toros en casa de Nazario y por la tarde he salido de viaje para Cádiz que mañana voy a lo del Marqués. Os contaré cómo marcha por allí abajo…

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