“Hoy, el cielo y la tierra me sonríen...”, escribió Gustavo Adolfo Bécquer el día que su primera visión mañanera fue el rostro de su amada. Quien esto firma podría decir lo mismo en esta fría mañana de enero al encontrarse con la noticia de que la confortabilidad del toro de lidia no se contempla en “bienestar animal” y por tanto no entra dentro de las competencias de Pablo Iglesias. Más aún cuando parece ser que el nuevo Gobierno no tiene planes de intervención en el desarrollo de la fiesta de los toros. También, como el poeta por excelencia del romanticismo, uno podría exclamar: “¡Hoy creo en Dios!”
Gracias le sean dadas a quien haya convencido al líder podemita de que tiene ante sí, en su ingente labor de gobierno, otros asuntos más importantes que atender con inmediatez. ¡Menudo peso nos ha quitado de encima nuestro benefactor! Porque de empeñarse don Pablo en darnos cuatro trapazos por la cara y quitarnos de en medio, lo hubiera conseguido o no, hubiera sido para nosotros, aficionados, ganaderos, empresarios y toreros una auténtica y molesta mosca cojonera.
Que de momento el asunto quede sobre la mesa no quiere decir que convenga bajar la guardia, porque el cariño que se profesa a la fiesta de los toros en las filas del Gobierno de coalición, concentración, o como quieran llamarle, es perfectamente descriptible. De todas formas: Aleluya, hoy es un día de gozo en la casa del Señor...
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