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Samuel Navalón abre la primera puerta grande de la feria

Consagración de Navalón. En Valencia, qué mejor sitio. Cortó dos orejas que bien, bien pudieron ser tres y hasta cuatro a poco que el señor del palco hubiese declinado su papel de autoproclamado justiciero. Seguramente, si Navalón mantiene esa postura de entrega y talento delante de los toros, el escarnio de ayer pasará a ser una chufleta de tertulia. Si lo que vale es la opinión de la gran mayoría, su actuación fue de cuatro orejas y el triunfo de consagración en su tierra, en Valencia por si alguien en algún momento lo ha puesto en duda. Valenciano de Ayora, la Valencia castellana, torero recio este Navalón, ajeno a las mixtificaciones al uso, torero de pies asentados y corazón caliente, al que ayer no le pesaron las comparaciones con las grandes figuras ni la responsabilidad de presentarse en la capital. Cuando el reloj no había marcado las ocho de la tarde, al ayorino lo llevaban en volandas por la puerta grande, le brillaban los ojos por la justa emoción del trance, había pasado de la mesa del quirófano a la mesa de los grandes, el objetivo del triunfo había dado su primera gran paso. Ahora le toca insistir.

Samuel sorteó los dos mejores toros de un toreable encierro de Victoriano del Río. Que las dos joyas cayesen de su lado no es más que justicia divina, él era quien más lo necesitaba. La buena fortuna también tenía su dosis de peligro. No estar a la altura y no era fácil estarlo con la presión y a necesidad de triunfar, podía jugar en su contra. No sucedió, en su contra solo se manifestó el usía cuyas decisiones transmutadas al mundo del futbol hubiese supuesto eso que los de la sección de al lado llaman neverazo. No sucederá, el toreo y su fuerza intrínseca es capaz de resistir a actuaciones de ese calado, donde la creencia de un señor vale por la de la mayoría. Ya lo dejó dicho Ortega y Gasset nada menos, una plaza de toros es el reflejo de lo que sucede en España. Por cierto este señor sabe, pregunto, lo que cuesta jugarse la vida, sabe lo que Valencia necesita un alumbramiento torero. En su beneficio quiero pensar que no intención, que solo es ignorancia.

"Roca Rey pinchó una buena faena en tarde de lleno rebosante"

Lo de Navalón fueron dos grandes faenas, especialmente la segunda, desde que se fue a la puerta de chiqueros, pasado por un ajustado quite de los que los antiguos llamaban  puente de la muerte de tan ajustado, al arranque de faena de rodillas, en redondo, pausado, lentos y pulseados los muletazos, ni un paso atrás ni una duda, pasando por las series posteriores a izquierdas y sobre todo a derechas, lentísimas, en redondo vaciando la embestida detrás de la cadera para que todo fuese hondo, por momentos jondo dada la inspiración y el éxtasis de la plaza. Hubo variedad en los remates, en los arranques de las serie con las capeínas y hubo un final eléctrico, las bernadinas y las luquecinas fueron las propias de un pirómano. Luego lo pinchó de primeras, arriba eso sí, antes de dejar una buena estocada, el argumento para que el presidente sacase el pañuelo de los trofeos cuando los rocines estaban a punto de arrastrar al excelente toro de Victoriano del Río, seiscientos kilos de clase, que pese a lo que alguien pudiera pensar antes que facilitar el triunfo llevaba a Navalón al borde del precipicio. O lo toreaba como lo toreó o ruina, fiasco sin excusa, pero no sucedió, lo toreó a gran nivel. Lo aclamaron las once mil almas que llenaban la plaza, once mil menos una. Si el pinchazo hubiese sido bajo o feo o la estocada final defectuosa, si hubiese sido así, está crónica estaría de sobra.

La primera faena no tuvo la misma excelencia, pero casi, tampoco el toro tuvo la misma calidad pese a que el usía decidiese premiarle con la vuelta al ruedo. Decisión que no casa con su pretendido rigor. Solo intenta (¿) desmerecer la faena. Nada es lógico. Afortunadamente pasará el tiempo, se recordará la tarde del debut de Navalón, la encerrona que sufrió, el cómo toreó al lado de los grandes, su capacidad para no achicarse y si Dios quiere y sigue en su empeño, sentado en la mesa de los grandes, habrá que valorarle la importancia de superar tanta traba. Desde ayer y mientras no digan lo contrario, en Valencia la capital taurina está en Ayora como antes estuvo en Chiva o en Foios. Y lo bueno es que llega en un momento crucial. Que nadie lo apee, que no desfallezca, que la suerte le acompañe.

Al estilo de Valencia

La plaza registró un lleno total y la tarde se vivió a la valenciana. Con euforia y con rigor, nada que ver con el populismo, que cada plaza, cada cultura tiene sus registros que se deben respetar y desde luego nada parecido a la acritud ni al protagonismo. Y alguien debe velar por ello, por defenderlo. Lo de ayer desde la previa fue un gran espectáculo. Plenitud social en la plaza. Todos con los toros. Todos los sectores sociales. Una entrada por favor, lo que valga, se escuchaba. El entorno de la plaza petado, los restaurantes petados, también las aceras, los vuelos y no digo ya los trenes. Atasco de mascletá. A dinar i als bous esa es la secuencia lúdica estos días. La de urbanitas y la de huertanos, la de nativos y la de forasteros que estos días en Valencia es una ciudad abierta. En realidad, como siempre lo fue. Así hubiese habido dos plazas que hubiese llenado las dos. Torea Roca Rey, Rocarey, así, todo seguido, dice la afición, al peruano que se encaramó a la cucaña y no lo bajan ni con jabón, solo que ayer además, dicho con el máximo respeto, quien toreó recio, plantado, ambicioso, con una lucides impropia de un debutante fue Navalón que por pura justicia le ganó el corazón a las gentes.

"Se petó la plaza, los restaurantes, la calle, el tren… Es la fuerza del toro"

Roca en su línea

A Roca Rey le faltó toro lo que no evitó que su primera faena tuviese el rango que le corresponde a la primera figura del momento, porque qué sino atrajo a tanta gente. Hubo una serie al natural explosiva, de trazo largo y muleta arrastrada, de mucho sometimiento, que levantó clamores. Hubo efectismo final en una faena de excesivo metraje que supuso que el presidente le mandase un aviso antes de entrar a matar y una segunda advertencia cuando el toro todavía estaba en pie que con la precisión, quiero pensar que justa, con la que presidente manejaba el reloj a punto estaba de mandarle el tercero. Su segunda faena fue voluntad y deseos ante un toro soso y desabrido.

Talavante estuvo mucho mejor en su primero, manso y huido, que en su segundo. Al abre plaza le aplicó una ley que nadie ha derogado, aquella que dice que al bravo en los medios y al manso donde quiera y ese toro quiso los adentros y allí mismo, sobre las rayas lo toreó con estilo sobre la izquierda, luego se enredó con la espada y todo quedó en nada. Y nada de interés hubo en su segundo. El día de San José esperamos el desquite.

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Samuel Navalón abre la primera puerta grande de la feria

José Luis Benlloch

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