La plaza de toros de Segovia ocupa un lugar central en la vida de Manolo Lozano, fallecido este jueves a los 94 años de edad. Fue su último gran sueño, su apuesta más personal, no fue una inversión cualquiera. Para Manolo, Segovia fue mucho más que una plaza: fue un proyecto emocional, una ilusión tardía en la que puso todo su empeño y sensibilidad.
La adquirió convencido de que aquel coso, con siglos de historia, merecía tener su sitio en el mapa taurino, y trabajó con discreción y entrega para darle categoría. Programó con gusto, defendió la continuidad de la plaza y convirtió cada festejo en una oportunidad de demostrar que el toreo, bien hecho, podía seguir emocionando.
Con su marcha se va un personaje irrepetible, el verso suelto de una gran dinastía taurina, un hombre que vivió a su manera y que encontró en la plaza de toros de Segovia un lugar donde seguir soñando con el toreo. Hoy, ese coso castellano queda como el reflejo de su espíritu: discreto pero auténtico, fiel a una forma de entender la vida y la Fiesta.
El próximo domingo 29 de junio se le rendirá el mejor homenaje con una corrida de toros en la que se anuncian Miguel Ángel Perera, Alejandro Talavante y Daniel Luque, que lidiarán un encierro de la ganadería familiar: Alcurrucén.
Descanse en paz Manolo Lozano, el hombre que hizo de Segovia su última gran obra.
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Segovia, el último sueño de Manolo Lozano
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