Había mucha expectación en Sevilla por la segunda comparecencia de José Tomás. Aparte de torear a su primero con mucha calidad, asustó a todos por su impavidez en el quinto, narraba Juan Posada para el periódico La Razón.
"Con un sombrero mexicano en el que se leía Viva el Rey, José Tomás dio la vuelta al ruedo con las dos orejas del tercero. Es el rey, no cabe duda, pero los reyes no son perfectos", así comenzaba la crónica de nuestro compañero Juan Belmonte en Aplausos. "Los quites que instrumentó durante la tarde fueron inmensos y a años luz de los desafortunados de Joselito. Cuidó a este su primer toro en el caballo, el aire molestó y la faena fue construida uno a uno los muletazos sin ligar, pero pases monumentales… uno a uno. Toro noble, pero apagadito. Buena estocada y dos orejas".
"Se movió el quinto con raza, transmitía mucho y al principio no hubo entendimiento entre toro y torero, produciéndose feos enganchones. Basó su labor en pases al natural, no todos limpios, pero ya, a esas alturas, le habían coronado rey de Sevilla y daba igual ocho que ochenta. Tampoco importó que pinchara para recibir la llave de la puerta".
Completaba el cartel Joselito, al cual no le salieron las cosas en esta corrida, siendo silenciada su labor, y Fernández Pineda, que recibió la alternativa, tras ser cogido al recibir el toro a portagayola, resultando lesionado, lo cual le impidió matar sus toros. Se lidiaron seis toros de Nuñez del Cuvillo, de buen juego en general, siendo ovacionados todos excepto el segundo y sexto.
Unos días antes, el 15 de abril, abrió por primera vez en su carrera la ansiada Puerta del Príncipe. En aquella ocasión, sus compañeros de cartel, Espartaco y El Juli, no tuvieron opción en ningún momento porque "el sitio que pisa José Tomás y la forma de interpretar el toreo pertenecen a otro mundo, ajeno a la modernidad". Aquel día, ante reses de Torrealta, le formó un auténtico lío al segundo, desde la primera tanda junto a las tablas, pasando por los naturales perfectos y auténticos en el centro y rematando con trincherazos cumbres. El toro fue sensacional por noble, siendo una pena que tardara en doblar, lo que redujo el premio a una oreja. En el quinto, José Tomás hizo acopio de su valor sereno e hizo vibrar al público por su quietud, llegando el cenit, con unas ajustadas manoletinas que pusieron al público en pie. Aquella tarde compartió cartel con Espartaco que fue premiado con una oreja y El Juli, que fue ovacionado.
Aún tuvo una tercera comparecencia en la Feria de Abril, en la corrida de Juan Pedro Domecq, celebrada el 30 de abril, acartelado con Ortega Cano y Morante de la Puebla, donde nuevamente impresionó con su valor sereno, tanto en los quites con su quietud asustante, como en la faena de muleta con estatuarios, impertérrito y zapatillas clavadas en la arena, acortando los espacios, pasándose los pitones muy cerca ante un toro que nunca humilló, hasta que llegó la cornada, que no le impidió acabar con el toro, al que cortó una oreja.
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