29 de abril de 2011
Por Alberto AguilarPor Alberto Aguilar

Sensaciones encontradas

Alberto Aguilar
lunes 02 de mayo de 2011

Los últimos días ha habido de todo. Tras el éxito de Aignan me llevé dos chascos muy gordos en Arles y Sevilla. Menos mal que ayer me reecontré con el toreo tentando en la finca del maestro Joselito… ¡Vaya vacas!

Tengo que reconoceros que la desilusión me invadía tras la corrida de Sevilla. Iba con toda la ilusión, con la confianza de que iban a pasar cosas importantes, mentalizado y preparado para la ocasión… y luego sale el toro y se lo carga todo. La corrida de Dolores fue malísima, infumable, no sirvió ni para jugarse la vida y echar la moneda al aire. Era imposible quedarse quieto, no te dejaban ni tocarles las orejas, ni irte al rabo… estaban siempre cazando y cuando se medio arrancaban era para pegar un salto e intentar atraparte. Fue una pena porque hasta que salió el primer toro disfruté el día una barbaridad. Estar en esa plaza y en esa ciudad era un sueño y que luego se torciera todo fue una putada…

Lo peor de todo es que ese fue mi segundo chasco de la semana. El día anterior, con la miurada de Arles también lo pasé mal. Mi primero fue muy malo, en el aire de los de Sevilla, pero es que después no hubo manera de matarlo. Cada vez que embestía era pare venirse encima y cuando le montaba la espada el cabrón me miraba como sabiendo lo que le iba a hacer. Atacaba pero el toro echaba la cara arriba y no me dejaba pasar de ninguna manera. De hecho, tengo los brazos y el pecho llenos de moratones de todos los pechugazos que me dio. Mi segundo, aun siendo complicado, me dejó robarle algunos pases por el pitón derecho pero a la hora de matarlo me pasó lo mismo. Menos mal que -no sé aún ni cómo- le metí media espada y con el descabello pude quitármelo de enmedio.

Esos han sido dos días para olvidar. Dos días en los que incluso no sabía qué hacía en este mundo tan complicado y en los tuve la sensación de que se me había olvidado torear. El domingo en Aignan, con la corrida de Ibán, fue todo bastante mejor. Mi primero se movió y, aunque con la cara un poco suelta, tuvo emoción; al igual que mi segundo, que fue más exigente. Esos por lo menos me dejaron intentarlo. Sin ser buenos, ahora, a toro pasado, tras lo de Arles y Sevilla, me parece un corridón de toros. Además, allí sí que maté bien y pude salir a hombros.

Ah, y para ir de punta a punta, de plaza en plaza, no veáis la de kilómetros que he echado. Tras cenar en Aignan, salimos para Arles, adonde llegamos a las 3 de la mañana. Toreamos por la tarde y salimos corriendo para Barcelona, llegando allí a la 1 de la madrugada. Dormimos poco más de tres horitas y a las 4 y media estábamos en pie para coger un avión que salía a las 6 de la mañana y llegaba a Sevilla sobre las 8. En ese momento no me conocía ni a mí mismo. Estaba reventado…

Ese avión lo cogimos mis dos picadores y lidiadores, mi mozo de espadas, mi apoderado Denís Loré y yo. Por cierto, hay que ver qué mal lo pasa mi picador Carlos Sánchez en los aviones. Le dan un yuyu… ¡jaja! Cómo las pasará de canutas que cuando estábamos aterrizando, como la pista de Sevilla es cortita y se frena fuerte, pensó que no iba a dar tiempo a frenar del todo y se agarró al asiento de delante y empezó a mover el pie derecho como si fuera en un coche e intentara pisar el freno. Cómo me pude reír… ¡jaja!

Conforme llegué al hotel, sobre las 9, desayuné fuerte y me puse a dormir. Me levanté sobre las 3 de la tarde para tomarme un plátano y un café y vestirme de torero. Lo que pasó después, ya lo sabéis todo el mundo… ¡Qué pena!

Menos mal que ayer pude reencontrarme con el toreo. Fue en la soledad del campo, como ocurre muchas veces, concretamente en la finca que el maestro Joselito tiene en Trujillo. Me echó dos vacas fantásticas, muy bravas y de gran clase, con un ritmo y una cadencia en la embestida extraordinarias. A mi juicio, las dos eran de una bravura prototípica. Ahora mismo, lo que el maestro quiere criar es la perfección del toro bravo. El bueno es tremendo y el malo por lo menos tiene el fondo suficiente como para romper si se le hacen bien las cosas y se le busca ese fondo. Eso en función de lo que he visto y a tenor de las hembras que toreé ayer, porque machos, por desgracia, en una plaza y vestido de luces, aún no he podido matar ninguno. ¡Ojalá llegue pronto el momento!

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