No ha resultado nada fácil poner las Fallas en vereda. O al menos en el punto donde todos queremos que estén. Y unas Fallas sin ambiente no son Fallas. Como tampoco lo son si no hay triunfos de relieve. Esta es feria concebida desde su fundación para lanzar toreros y temporadas. Y eso necesita de toreros con cualidades para lanzarlos, de toreros hambrientos de gloria, de figuras con cuentas que ajustar y precisa del toro, elemento menos controlable por cierto, y de público, mucho público naturalmente, porque una corrida de toros sin público es la antítesis de la ilusión y el futuro, y de esas hemos sufrido demasiadas tardes por mucho que también las haya sufrido la empresa, aunque eso a buen seguro es otro tipo de sufrimiento. Así que cuando aparecieron los elementos necesarios las Fallas volvieron a su natural, a ser lo que no debieron dejar de ser nunca.
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