En Sevilla ha quedado demostrado que sólo los ganaderos, los empresarios y algunos apoderados pueden acabar con la Fiesta...
El cartel más bonito que pensarse pueda para este fin de temporada. Morante, El Juli y Manzanares con una corrida remendada de Zalduendo. La cita en la Maestranza de Sevilla. Se cae del cartel Manzanares por razones de fuerza mayor y lo sustituye Oliva Soto, gitano de verde luna que le pega pellizcos al arte. Los toros salen uno a uno, mansos, descastados, feos, amulados, sin gracia, orden ni concierto. Un muestrario de lo que no debe ser una corrida de toros en la catedral del toreo. Una corrida ofensiva para Sevilla y los sevillanos, en la que todo lo que salió por los chiqueros era inservible. Tres hierros, tres fracasos. Con decir que a su segundo, El Juli no le pudo dar ni un muletazo, está dicho casi todo. Pero todavía falta decir que en Sevilla ha quedado demostrado que sólo los ganaderos, los empresarios y algunos apoderados pueden acabar con la Fiesta.
El público sevillano, loco por ver a Morante en su plenitud, después de pasearse en hombros por las calles de Barcelona, convirtiendo el fuego enemigo en palmas y gritos de ¡torero! ¡torero!, se quedó con las ganas. Como tampoco pudo ver a El Juli y apenas intuyó a un Oliva Soto que merece mejor suerte y mayor atención. Sin embargo, tras la gran decepción, los tres atravesaron el ruedo maestrante escoltados por los aplausos de los sevillanos. Eso es mucho más que el llamado “respetable”; eso es canela en rama. ¡Sevilla, qué guapa eres! ¡Viva la madre que te parió! Si no existieras habría que inventarte…
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Sevilla, ¡qué guapa eres!
"Sevilla es un sitio para apostar, esta era mi primera tarde, había que empezar con…
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