Ha cuajado una de las faenas más intensas del verano en Madrid frente a un bravo ejemplar de Saltillo. Una oreja y le pidieron otra. Un golpe de atención de José Carlos Venegas que se está abriendo camino a base de tenacidad y poder pero que se reivindica como un torero de composición, sentimiento y calidad. A pasos lentos pero firmes, el jienense se siente victorioso por una oreja que representa para él un balón de oxígeno. No oculta que de no haber pasado nada en Las Ventas, su carrera se hubiese situado entre la espada y la pared.
- “Se habla de mi valor y de mi poder pero donde realmente sé que puedo marcar diferencias es toreando despacio un toro”
EN LA CALLE: “Vivo de mis padres, si necesito 20 euros me los dan”
No oculta que todavía no ha ganado dinero en el toro para vivir y que hoy por hoy todo lo que necesita lo tiene cubierto por sus padres y por su buen amigo Antonio García Vázquez que le tiene viviendo en su finca, un lugar ideal para refugiarse, entrenar y prepararse. Natural, abierto y espontáneo, Venegas no esquiva las preguntas y las responde con una sinceridad conmovedora. Admite que le gustan todas las mujeres, que sigue recortando toros en las calles, que no sabe lo que significa ser católico y que su sueño es retirar de trabajar a su madre. Un tío honesto.
- “Cuando pueda, lo primero que voy hacer es quitar de trabajar a mi madre que se levanta a las seis de la mañana para poner cafés”
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