La intentona de golpe de estado civil iniciado el lunes día 9 en el Parlamento Catalá puede ser para el toreo en Cataluña –como decían Humphrey Bogart y Claude Rains en “Casablanca”- “el principio de una buena amistad”. ¿Qué tiene que ver el toreo con que un puñado de iluminados se haya querido pasar por el forro la legalidad política vigente? La respuesta es la siguiente: mucho, porque la prohibición de la Fiesta Brava en esa autonomía fue una decisión a todas luces ilegal, que se saltó las leyes del Estado a la torera -nunca mejor dicho- vulnerando los principios de libertad sobre los que se asienta una democracia que merezca ese nombre, y la corrección de lo uno debe llevar implícita la solución de lo otro.
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