El año taurino acabó con una muy buena noticia. Zaragoza, como cantaría Peret “no estaba muerta” pero la afición “estaba tomando cañas”. Y ha vuelto. Yo no tengo nada personal contra Serolo, incluso te diría que es un interlocutor interesante, por lo distinto, y por lo espabilado que lo veo en un mundo que era el de su padre; pero que desconocía y en el que posiblemente ha sacado provecho aunque no ha dejado buen rastro. En Valencia empezaron, pero luego Albacete, El Puerto de Santa María, Palencia, Burgos, Alicante, Vitoria, una procesión de plazas de las que en pocas salieron triunfantes y en varias de ellas las dejaron como el caballo de Atila. Arrasada estaba Zaragoza. Descontenta la afición que lógicamente desertó y con un cabreo monumental el de los empleados que todavía aseguran que no han cobrado y que no saben por dónde tirar.
Lea AQUÍ el artículo completo en su Revista APLAUSOS Nº 1934
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