Una de las faenas que recordaré siempre será la de Talavante a un toro de Teófilo Gómez en Aguascalientes (México). Es una de esas extrañas ocasiones en las que el toreo se hace tan poco canalla, tan silencioso, tan despacio y tan imprevisible, que se convierte en la fiera que no cabe en ninguna jaula. Se convierte en un arte innegociable, indomable. Entiendo el escepticismo por México. Cómo no. No lo comprendo, pero lo entiendo. La óptica europea en lo social y la óptica española en lo taurino, no pueden ver México. Mirarlo sí, verlo no. Y lo entiendo.
Lea AQUÍ el artículo completo en su Revista APLAUSOS Nº 1962
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