19 de abril de 2011
Por Alberto AguilarPor Alberto Aguilar

Sobrecogido por el fallecimiento de Juan Pedro

Alberto Aguilar
jueves 21 de abril de 2011

Aún no me lo creo. Me quedé helado cuando me lo dijo mi mujer. Acababa de salir de la ducha cuando vino corriendo a decirme lo que estaban informando en las noticias. La muerte de Juan Pedro Domecq nos ha dejado a todos mal cuerpo. Se va uno de los ganaderos grandes…

No le conocía personalmente, pero estaba a punto de hacerlo. Estábamos en conversaciones con él para programar un tentadero. Seguramente iba a ser después de la Feria de Abril, pero ahora cuando vaya ya no podré hablar con él de toros y de toreo. Es una pena, una auténtica desgracia. Vayan desde estas líneas mi más sincero pésame a la familia.

Esa ha sido la noticia triste del inicio de semana, pero durante el finde lo he pasado fenomenal. El viernes, después de lavar el coche -hay que ver cómo se pone de polvo cada vez que lo cojo para ir al campo…-, me fui a Galapagar para matar dos toros a puerta cerrada en la finca de Eduardo Flores, matador de toros de San Sebastián de los Reyes. El primero fue de Los Derramaderos y, aunque brutote, al final me dejó estar a gusto. El segundo, de Montealto, fue bravo de verdad. Hacía tiempo que no veía a uno moverse tanto y para bien. Si fuera ganadero, me lo habría llevado para casa…

Esa noche cené en casa con unos amigos y el sábado me llamó El Fundi para que fuera con él a tentar a lo de su suegro José Escolar. También estaba el novillero que apodera Richard Milian, Mathieu Guillon. Echamos un tentadero bueno, muy interesante, y luego el ganadero nos preparó una merienda estupenda. Por cierto, hay que ver lo peculiar que es don José. El tío sale siempre del burladero y se planta en el tercio de la placita de tientas para fijar la atención de las becerras. Debe ser una costumbre suya pero me parece muy original.

El domingo comí con la familia, llevé al aeropuerto a mi apoderado Denís Loré y me fui a Las Ventas con Raúl Ruiz para ver la corrida de de toros en el palco de invitados de Digital Plus. No embistió ni uno, pero me quedo con cómo se jugó la vida Serafín Marín con su segundo. Con su primero ya estuvo bien, pero es que con la mole aquella de Escobar aún estuvo mejor. Estuvo hecho un tío y tardes como la suya deben tener recompensa.

Y ayer lunes por la mañana me fui a la Clínica Deyre de Madrid a que me revisaran la cicatriz de la cornada de Valencia, que como quedó pegadita a la tibia había que quitar las adherencias. Me dijeron cuando acabaron que todo estaba OK y cuando llegué a casa me enteré de la maldita noticia del día.

Para relajarme un poco después me fui a entrenar y, sobre las siete, jugué a pádel con mi amigo Raúl Cuesta como pareja y pegamos una paliza a dos de los directivos de mi peña taurina en San Fernando de Henares: Pedro Galán y Pablo Montero. De vez en cuando viene bien oxigenar la mente, y más en días en los que suceden desgracias como la de Juan Pedro. Descanse en paz.

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