Vivimos en una sociedad de libre mercado y el toreo, en la parte que tiene de negocio, estuvo siempre sujeto a la ley de la oferta y la demanda. Por eso, todos los intentos de socializarlo que se han hecho a lo largo de su historia han estado condenados al fracaso. Uno de los primeros intentos de socialización fue el de Ignacio Sánchez Mejías que le costó quedarse fuera de la Feria de Abril de Sevilla del año 1925. De aquella lucha del cuñado de Gallito con el empresario Salgueiro, sólo quedaron los tres magníficos pares de banderillas que le colocó a un toro de Martín Agüero, saltando al ruedo de la Maestranza vestido de paisano. Momento inmortalizado en una magistral viñeta por el dibujante Martínez de León. Agüero, con cuya amistad me honré hasta su muerte, en una de sus frecuentes visitas a Barcelona para visitar a su hija, propietaria de un negocio de ortopedia en la calle Hospital de esa ciudad, me contó los pormenores del caso que creo ya he referido aquí en alguna ocasión.
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Socializar el toreo
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