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Sufrir, esperar, triunfar

Enrique Ponce iniciaba el curso torero, sacó a relucir maestría y amor propio, nada nuevo en una tarde que se presumía más amable para el valenciano de lo que resultó. Se podría decir que se iba a disfrutar y tuvo que sufrir con el cuarto, que, como aperitivo, fue de los que se le indigestan a cualquiera. Es lo que tiene el toreo, que no hay guiones fijos. Sí se cumplieron los pronósticos con Emilio de Justo, que iba a triunfar sí o sí y triunfó, toreó a placer y clamó un mayor reconocimiento del que le han deparado en las últimas ferias. El Cordobés, por su parte, hizo de El Cordobés, fidelizó a sus parroquianos, mosqueó a los de la acera de enfrente, nada nuevo, y abrió un compás de espera sobre lo que puede llegar a ser su temporada.

Sucedió en Sanlúcar, tierra de acusada personalidad: la manzanilla, los langostinos, Doñana al fondo, el Guadalquivir en su adiós definitivo a Al-Ándalus y el coso de El Pino como escenario coqueto y atildado como es obligado por estas tierras. Mil doscientos adictos en los tendidos que siguieron el festejo el mismo día que tenía que abrir el feriado de Sevilla, dolor y pena.

Ponce, que iba a disfrutar, tuvo que sufrir con el cuarto, que, como aperitivo, fue de los que se le indigestan a cualquiera; De Justo iba a triunfar sí o sí y triunfó; y El Cordobés fidelizó a sus parroquianos y mosqueó a los de la acera de enfrente

Ponce compareció como lo dejó, diría que como volvía siempre, como el año pasado y el anterior y el otro, así treinta y un año seguidos, un caso, el mismo vestido, ese blanco y azabache con las hojas de naranjo como guiño a la tierra que le vio nacer y la serena torería que Dios le dio. El mal uso de la espada dejó sin trofeos dos faenas de corte distinto. Suave y calculada al que abrió plaza, al que hizo parecer mejor de lo que fue; aguerrida, de coraje, sin rendición con el arisco cuarto, que embistió desigual e incierto.

El Cordobés también volvía en estado puro, la nostalgia desbocada, el cuché en tinta viva, el hermano con apellido en los tendidos, la esposa también, la sonrisa y el flequillo dinástico a los cuatro vientos, tampoco faltó a la cita el salto de la rana a pesar de las prótesis de cadera. Aquel blanco y negro de los sesenta -¡Queda inaugurado este pantano! se anunciaba en los No-Do- llevado al color del nuevo milenio. Era/es el cordobesismo revisado y aceptado, al menos en esta ocasión. En su primero le premiaron con la oreja por una faena voluntariosa a un excelente toro de Juan Pedro, ad hoc para la ocasión. En su segundo, no menos ad hoc, Manuel creció en confianza, sacó muletazos templados y lució su gestualidad habitual en medio del gozo general de los leales. Con este le falló la espada y se quedó sin premio. Si hay que resumir este primer capítulo de su vuelta en clave de examen, habría que decir que no hubo sorpresa, la comunicación y el discurso afinado; la puesta a punto torera se vislumbró más agraz.

Aquel blanco y negro de los sesenta -¡Queda inaugurado este pantano! se anunciaba en los No-Do- llevado al color del nuevo milenio. Era/es el cordobesismo revisado

La verdad de De Justo

De Justo salió a torear como es él, muy de verdad, que es la mejor forma de combatir cualquier atisbo de ninguneo que le puedan aplicar desde las alturas. Desde que se abrió de capa al final toreó asentado, cerca, reunido con el toro, si acaso con un esfuerzo expresivo que no le añade calidad y que desde luego no lo necesita ni le favorece. Contundente con la espada, soberbio el volapié, cortó dos orejas de ley en su primero. Mejor estuvo en el que cerraba plaza, excelente toro, al que aplicó series compactas, a izquierda y a derechas, con los remates de pecho al hombrillo contrario, dominio de las alturas y los tiempos, todo ello con la naturalidad que le faltó en su primero. Todo bien, muy bien, hasta que montó la espada, se precipitó y se quedó sin los trofeos. La tarde estaba echada.

Los toros de Juan Pedro, cuajados y nobles; el ambiente con el papel acabado, amable. Las sensaciones, contradictorias; con el pensamiento, nostalgia y cabreo puesto en la Sevilla que no fue.

CRÓNICA PUBLICADA EN EL DIARIO LAS PROVINCIAS EL 18 DE ABRIL DE 2021

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Sufrir, esperar, triunfar

José Luis Benlloch

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