Morante nos enseñó las dos caras. La gloria del toreo y el Gólgota de los tres avisos. Sabores extremos. Nada de vulgaridad. O todo o nada. Manzanares con el más desabrido lote de una corrida muy baja de motores, sólo pudo brillar con esa espada letal y prodigiosa en sus efectos. Talavante, ojo a Talavante, fue el hombre de la tarde y Sevilla se queda con las ganas de verlo un par de tardes más. Alejandro está hecho, en el cuajo bueno, ni verde ni pasado, con sabor y olor a fruta para servir. Y dos cosas. Una: tiene tanto valor como el que más ahora mismo. Tanto como el que más. Y, ¿para qué emplea ese valor? Para torear despacio. Temple, gusto, imaginación, torería, clasicismo, creatividad. Ahora mismo Talavante está para verlo todas las tardes. Por eso una en Sevilla deja al aficionado con hambre. Como siga así este es uno de los pilares de la torería. Este no es ni veterano ni novel. Este no tiene ni le hace falta carnet de identidad. Está en el punto de los grandes. Y la gente lo huele.
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Talavante, en ascenso
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