BENLLOCH EN LAS PROVINCIAS

Tarde de emociones fuertes y toreo caro

José Luis Benlloch
miércoles 18 de marzo de 2026
Marco Pérez sale lanzado de Valencia tras una magnifica faena; interesante, variada y seria corrida de Santiago Domecq con un toro de nombre Bravío al que se arrastró sin premio

La esencia del toreo (o casi) reunida en una sola tarde. Hubo gloria, un canto a la esperanza, con la faena de Marco Pérez al primero de su lote, valorada de nuevo con (¿cruel?) cicatería. Hubo atisbos de tragedia en ese mismo toro cuando entrampilló a su subalterno Prestel contra las tablas. Hubo una gran corrida de toros en todos los aspectos, peso, seriedad, bravura, calidad, complicaciones… de Santiago Domecq, divisa a la que le sienta de maravilla esta plaza. Hubo serena maestría con la firma de Perera, el veterano del cartel. Hubo disposición y torería de la buena del joven Hernández, al que le birlaron lastimosamente el premio que se había ganado en su primera faena, de nuevo un menosprecio en la feria. Hubo bronca o broncas de alto voltaje por las desconcertantes decisiones del presidente de la corrida que acabó claramente superado por las circunstancias a la hora de ordenar el retiro del lisiado cuarto toro, dando pie a un lamentable espectáculo. Hubo excelentes pares de banderillas, el del Fini como ejemplo, emotivos tercios de varas, toros bravos (muy bravos, el tercero mismamente) que se fueron sin premio. Orejas, como la concedida el último lugar que nada tenía que ver con otras negadas en esta feria, hay que pensar que fruto de la misma desorientación de la autoridad… hubo, hubo, hubo pasión por todo lo alto, de tal manera que habrá otras tardes más brillantes, pero difícilmente más intensas. Así que cuando el reloj superaba dos horas y media de festejo, cualquier aficionado tenía derecho a sentirse cansado, agotado, enfadado, feliz y, seguramente, lo más importante, con argumentos para pensar en un buen futuro para el toreo: los jóvenes aprietan, los veteranos, en este caso el maestro Perera, resisten el asalto y en el campo todavía queda simiente y pasta, dinero, jayeres… y vocación para criar corridas de toros con categoría de bravos.

ATENCIÓN AL MANDO

No fue una entrada acorde con los resultados. Una pena, los que no fueron se lo perdieron. En el callejón presenció el festejo el conseller responsable final de la dirección artística, señor Valderrama, que bien haría en tomar nota de la situación de secuestro artístico y desconcierto que vive la plaza, también podría decirse de la traición a la personalidad de la misma. Sería bueno que entendiesen que Valencia no es Madrid con todos los respetos a Madrid, ni tampoco Benalmádena, que siempre fue lo que fue (muy importante) antes de que existieran los cursillos para presidentes; que si hay restricciones de acceso al callejón, muy necesarias, deben partir de un buen ejemplo y evitar tertulietas. Y no se equivoquen, no estoy pidiendo laxitud de criterio en ningún espacio, ni tampoco un ordenamiento monacal, solo conocimiento del toreo, también equidad y criterio, para que lo que en un momento es una montaña inaccesible para cualquier coletudo una hora después sea un manga por hombro tombolero. Ayer pasó... ¿en qué se pareció la oreja negada a Víctor Hernández en su primero con la concedida a Marco en el sexto?... y que no hablen de razones de reglamento porque cuando les parece lo someten a su arco triunfal a mayor gloria, señor conseller, de no se sabe quién. O sí. No sé si el señor Valderrama tomará nota o si le importa mucho, pero la Valencia taurina no se merece eso.

OJO A MARCO

Volviendo a la corrida hay muchos temas y momentos para contar. Lo más brillante llevó la firma de Marco Pérez. El ex niño se hizo hombre, si me permiten la idea literaria en una tarde de Fallas. Fue un guerrero en cuerpo de niño ante un toro bravo y serio. Gran toro, con seriedad en su presencia y en su carácter. Hondo, con cuajo, de los que miden a los toreros. O le puedes o te puede, o estas a su altura o ruina, ese era el gran reto. No hubo vencidos, toro y torero salieron victoriosos del encuentro. Difícil y muchas tardes quimérico resultado. La obra de Marco llegó tras el aparatoso percance que sufrió su banderillero. El mérito estuvo en superar el mal trago. Para demostrar sus intenciones y supongo que para comprometerse con el mismo el chico/hombre de Salamanca le echó las rodillas al suelo y de ahí en adelante el desiderátum. Toreó muy asentado, fajado con el toro, a izquierdas y a derechas. Oro de ley que venía a compensar muchas dudas sobre la solidez del joven torero. Se crecía el torero y se crecía el público, lógico. Ni atisbo de duda, ni martigalas ni oropeles, solidez de torero hambriento y hecho. Y en ese maridaje era parte fundamental la bravura sólida y seria de Bravío, nombre ad hoc, que embestía pronto y templado, repetidor, con ritmo, entiendo que lo que sueña un ganadero. Hubo un momento terminando la faena que amenazó con irse pero no se fue, para entonces llevaba treinta, cuarenta embestidas cumbres y la plaza era un clamor, los mayores relataban esas situaciones como de manicomio. Pues eso fue la plaza durante la obra y tras la estocada. Y entonces llegó otra situación digna de otro manicomio, la negación de la segunda oreja, el olvido de la noble y honda bravura de Bravío, los gritos de ¡burro, burro! al usía y la apoteósica vuelta al ruedo.

Su segundo fue un toro serio, con cara de viejo, al que Marco en busca del triunfo que le franquease la puerta grande apenas mandó picar. El salmantino hizo faena de las que se podría considerar zaragateras, de mucho bullir, poca quietud y abundante decisión para buscarle las vueltas a un toro que se quedaba corto y se enteraba por momentos. Lo mejor, su ambición, su capacidad para lidiar al toro y al sol. Es un recurso que si se puede aceptar es cuando estás llegando y aprieta la necesidad del triunfo, cuando hay que triunfar por lo civil o por lo criminal en tardes de máximo compromiso. Lo despachó de un soberano espadazo y acabó arrancando la oreja que le habían pispado en su primero, la que le franqueaba la puerta grande. Misión cumplida se habrá dicho.

VÍCTOR, CONVENCIDO

Víctor Hernández, una de las esperanzas de la nueva hornada al que le han cargado la mochila de compararle con José Tomás, aguantó el tipo con seguridad. Lanceó a pies juntos de salida a su primero y planteo la faena desde los parámetros de firmeza y quietud que se ha impuesto. Estatuarios de arranque, auto prohibición de cualquier concesión, ni un paso atrás, aires hieráticos, tres naturales soberbios, de mano baja, muñeca suelta y hasta donde rompen las olas de la bravura y otra serie con la derecha del mismo corte y el mismo destino final y para rematar las bernadinas que rescatara su referente desde el armario de lo secundario para convertirlas en fundamentales. Mató de un espadazo y desde las alturas decidieron que aquello no era de oreja ni el público tenía razón pidiendo el trofeo. Dio una aclamada vuelta al ruedo. Su segundo, un toro de pelo salinero, tuvo poco ritmo, parecía haberse lastimado en algún momento y quería más que podía, lo que provocada cierta incomodidad e impedía el toreo con ritmo. Lo despachó con aseo tras mostrar su buen ánimo.

Perera anduvo maestro y fácil. A su primero, un toro simplón, lo toreó con mimo y soltura, quizá demasiado fácil, sin obligarlo, pensando en que no se acabase demasiado pronto ni que se le revelase ante el sometimiento, así fue hasta que en la última serie echó el resto con la derecha y la faena subió claramente de nivel. Lo pinchó con reiteración, una cruz estoqueadora la suya, que se repitió en el cuarto. En ese, toro que tuvo más suerte que Perera, este defendió su prestigio de maestro ante la nueva generación.

De la corrida de Santiago Domecq hay que resaltar la magnífica presencia del conjunto, toros hondos, serios muy serios, con aspecto de adultos, variedad de juego, cuestión que puede generar interés entre los aficionados y no tanto ante las figuras, pelearon con carácter y fuerzas en varas y contó con ese tercero que fue toro de los que hacen una ganadería. Ni aun así se acordaron de premiarle. El cuarto fue devuelto a los corrales tras partirse una mano y una lastimosa demora presidencial a la hora de sacar el pañuelo verde dio lugar a un triste espectáculo que en nada beneficia al toreo. Camino del ordenador pesaba la tensión, las emociones, las injusticias y la pena por no haber visto recompensar los esfuerzos toreros. Insisto, la faena de Víctor era de oreja aquí y en la China, y el segundo trofeo de Marco más de lo mismo, pero premiaron la última faena. ¡Dios, qué tropa!

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