Una de las lecturas no escritas de San Isidro consiste en el valor de cada triunfo. No ha habido faena o actuación destacada (y ha habido muchas) que no sucedieran en ese espacio casi físico que es el riesgo palpable de la cornada. Incluso las faenas de Ferrera a los toros de calidad de Zalduendo se hicieron en ese espacio donde el hombre sobrevive gracias al torero que lleva dentro. No hablemos de lo que han tenido que exponer Román o Aguado y muchos más. El triunfo ha sido más creíble porque se realizaba mucho más allá de la frontera que marca un mínimo instinto de conservación.
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