La idea y el término de “la toreabilidad” se deben a Juan Pedro Domecq Solís. No deja de ser un palabro, pero su significado resulta transparente. Un día empezó a predicarse de los toros el verbo “dejarse”. De un toro puede decirse que “se deja/dejó torear” y parece pan comido. Cada vez que se reabre el debate sobre el torismo, saltan como a resorte los que no creen en él. Cuestiones de dogma y doctrina.
Quienes rechazan la dicotomía torismo-torerismo son los mismos que patrocinan la idea de la toreabilidad. Al discurrir la teoría de la toreabilidad, Juan Pedro Domecq abonaba dos conceptos derivados: el toro armónico y el toreo uniforme. Lo que no procede es identificar toreabilidad con facilidad o ausencia de riesgo. Etcétera.
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