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Torería sobre ruedas

Los toreros siempre tuvieron un gusto especial por los coches, que marcaron su estatus en la sociedad. En ese aspecto, jugó un papel el Mercedes. Desde aquellos carros tirados por caballos hasta las modernas furgonetas, el medio de transporte del torero ha evolucionado. Los Hipano Suiza se convirtieron en los primeros coches que identificaron al torero. Posteriormente, y hasta hace poco, los coches americanos como el Cadillac o Chrysler eran el sueño de los espadas.

El coche de los toreros siempre fue más coche que ninguno por el mero hecho de transportar a aquellos ídolos que despertaban pasiones entre la multitud. Cuando ver un coche por una carretera se convertía en algo sorprendente, ver llegar a la ciudad aquellos grandes coches con los esportones y fundones sobre la baca y el botijo como señal indiscutible, un torbellino de muchachos se acercaba en algarabía para ver de cerca a aquellos ídolos de quienes tanto sonaban sus triunfos en el boca a boca. Mucho han cambiado los coches desde entonces. A principios del siglo XX, los viajes todavía se hacían en tren o tranvía. Únicamente se utilizaban aquellos primeros coches que se arrancaban accionando la manivela, con ruedas macizas y farolillo de posición de carburo, para ir del hotel a la plaza. He ahí la foto de Rafael González “Machaquito”, bajando en los aledaños de una plaza de toros de un Hispano Suiza, marca que con el tiempo se haría famosa entre los coches toreros. O la foto de Joselito “El Gallo” en los años 20 saliendo del hotel y dirigiéndose a la plaza en estos coches que alcanzaban una velocidad irrisoria en la actualidad. A partir de los años 30 se mejoran los avances en la calidad de conducción de los coches americanos y es sobre todo en los 40, cuando el coche familiar americano fue desarrollando tecnologías de transmisiones automáticas como el cambio de marchas. Muy famoso fue el Buick azul de Manolete, que le llevó por todas las ferias de España acompañado por su apoderado Camará y conducido por Guillermo, su mozo de espadas. Con aquel Buick llegó aquella tarde de 1947 a Linares, su último destino. Son tiempos en los que el coche americano hace su incursión en el mundo del toro y junto a Manolete, Arruza lucía su Cadillac y Luis Miguel Dominguín paseaba a grandes actrices americanas en su Rolls Royce. A aquellos coches se les conocía como un “haiga”, pues el torero cuando lo compraba siembre exclamaba: “El coche más grande que haiga”, así que siempre se relacionó con los coches americanos de los años 40 y 50.

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Torería sobre ruedas

Jorge Casals

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