Esta subclase política, que ha surgido de los extremos falsamente animalistas de las autonomías, que aborrece lo español, que alimenta el odio a la fiesta de los toros, que ya ha logrado cerrar Cataluña, no sólo Barcelona, que está a punto de hacerlo en Donosti y que va a seguir tocando las pelotas allí donde encuentre debilidad, es algo así como las aves carroñeras que cuando huelen cadáveres se lanzan con saña contra sus objetivos.
Por tanto si queremos acabar con los cuervos antes de que nos saquen los ojos en todo el país, no demos facilidades a Bildu, Esquerra, Bloque y demás formaciones que nos cuestan una pasta y que a falta de mejores objetivos sociales tienen al toro como diana y diversión política. Para eso, insisto, se lo ponemos muy fácil si despoblamos las plazas.
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