La pincelada

Un año que no conviene olvidar

José Luis Benlloch
martes 11 de enero de 2011

Los pasados fueron días de buenos propósitos y mejores deseos. Estos días toca ser bueno y optimista por decreto y no seré yo quien rompa la tradición. Hay que esperar lo mejor de 2011 aunque para eso se tengan que romper todos los pronósticos y darle la vuelta al calcetín de una tozuda realidad...

En ese ejercicio de ilusionista que me propongo les iba a recomendar que olvidemos todo lo malo de 2010 pero además de que se me antoja un imposible no es conveniente, sobre todo si queremos que el nuevo ejercicio mejore tan penosa experiencia. No se puede olvidar que el pasado fue el año en que la nube negra de la crisis dejó de ser teoría y cayó inmisericorde sobre tendidos, taquillas, especialmente sobre las más débiles y sobre el campo donde han sobrado toros como para hacer otra temporada; el año en el que hubo que amortizar algunas de las concesiones al tripartito por mantener a los socialistas catalanes en la Generalitat y prohibieron los toros en aquella bendita tierra; el año en el que José Tomás pagó más caro que nunca su personal concepto del toreo y casi no pudo ni comenzar; otro año en el que el joven Manzanares, en su plenitud artística, no pudo acabar el curso; el año en el que se batieron récords, si me permiten el término, de cornadas; el año en el que se fue Adrián Gómez para que nadie olvidase la más cruenta faceta de la Fiesta de la que nunca se está a salvo; el año en el que echamos a faltar novilleros que pongan en marcha la pasión renovadora tan cotizada y tan necesaria; el año en el que demasiados empresarios apostaron por la martingala y la fullería en un ejercicio de deslealtad hacia los otros empresarios que nadie sabe cómo lo consienten; el año en el que tengo la sensación que los toros embistieron menos o como dicen algunos para justificarlo que embistieron menos en las plazas importantes que digo yo que es donde más deberían embestir… Un año, en resumen, nada bueno que por mucho que lo pida el cuerpo no conviene olvidar: para tomar conciencia de la realidad, para tratar de que no se repitan los mismos errores, para impulsar la organización del sector siempre tan anárquico, para que los anti y enemigos en general, y pongan en el saco a cuantos consideren, no nos vuelvan a pillar empanaos o dilucidando nuestras cuitas de vecindad. Publicado en APLAUSOS, en la edición impresa correspondiente al número 1736 del pasado 3 de enero

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