La faena al toro “Jazmín” de Fuente Ymbro, al que se le perdonó la vida en Mont de Marsan, desvela la dimensión que un torero puede llegar a alcanzar. Matías Tejela logró rozar la perfección de esa faena soñada en la que toreó con parsimonia y cadencia, con el desmayo de un cuerpo carente de crispación que busca la necesidad de expresar la pureza del toreo que lleva dentro. Es el mismo Tejela que volvió a enamorar a Madrid este año. Un torero con una paz interior que le ha permitido encontrar el secreto de la despaciosidad y la profundidad de su toreo. Un nuevo Tejela más exquisito si cabe, con un sentimiento a flor de piel fruto de un artista en sazón.
- “Faenas como la de Mont de Marsan te reafirman como torero y te dan moral, es un grito a la afición para decir que sigo estando vivo”
- “Si no lo veo claro, no sé disimular. Belmonte dijo que se torea como se es. Así soy como torero y así soy ante la vida, verdadero”
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Un artista en sazón
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