Un muestreo elocuente: se trata de los toros corridos en San Isidro de 1987 y los del último San Isidro, año 2012. Un cuarto de siglo separa y contempla esas dos ferias y parece hacer de ellas épocas muy distintas. No se incluyen en este examen de recuento ni las novilladas ni los festejos de rejones venidos dentro del abono de la feria.
San Isidro se abrió en 1987 con una tremenda corrida de Peñajara que estuvo a punto de ser trágica: el sexto, descarado y gigantesco -700 kilos- prendió de salida por el cuello a Joselito en lo que pudo haber sido una cornada fatal. Los peñajaras eran entonces propiedad de Manuel Rueda, se criaban en sierra y tierra de Cáceres y, embastecido el tipo de procedencia -bán y/o Contreras-, habían derivado en ganado de más dureza de manos que brava o díscola entrega.
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Un cuarto de siglo
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