En el momento justo en el que Serafín Marín cogía la muleta para enfrentarse al sobrero de Conde de la Maza saltó un espontáneo al ruedo maestrante. Lo hizo sin muleta ni capote y sin intenciones de reivindicarse como torero, motivo que siempre empujó a los espontáneos de antaño.
Con una chaqueta en la mano se pasó al peligroso toro muy cerca de manera inconsciente, siempre a merced de los pitones. Se obró el milagro y el toro lo perdonó. Finalmente los peones de brega se llevaron al toro y las autoridades al espontáneo, que se libró de una tragedia anunciada.
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Un espontáneo inconsciente
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