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Un indulto reparador

La verdad es que si no se hubiera producido el último día de una feria en la que los toros encastados se pueden contar con los dedos de una mano y sobran dedos, y sobre todo de la enésima y decepcionante “juampedrada”, al sexto de Domingo Hernández se le hubiera pedido si acaso la vuelta al ruedo.

Se va a hablar mucho del indulto de esta tarde. Como en la canción de La Parrala, unos dirán que sí y otros que no. La verdad es que si nose hubiera producido el último día de una feria en la que los toros encastados se pueden contar con los dedos de una mano y sobran dedos, y sobre todo de la enésimay decepcionante “juampedrada”, al sexto de Domingo Hernández se le hubiera pedido si acaso la vuelta al ruedo. Pero claro, un público “canelita en rama” como el de Valencia, después de tanto descaste, necesitaba y merecía una compensación. Así es que, bien está lo que bien acaba.

López Simón, a quien llamé "Samurai" hace dos años cuando rompió la Feria de Albacete, ha estado muy bien con “Pasmoso”. Sobre todo por el lado derecho le ha administrado series de mucho encaje, mando y largura, su faena ha estado repleta de compromiso, imaginación y espontaneidad. Y como el toro era inagotable, en contraste con la escasa duración de la mayoría de los lidiados en estas Fallas de 2017, la faena ha sido larga, emotiva e impregnada de la singular personalidad del de Barajas y el público valenciano ha explotado en fiesta y ha solicitado el indulto, de tal manera que si el usía se hubiera llamado andana igual lo mantean. Mucho más después de regalar alguna oreja y negar otras pedidas en días pasados. Seamos justos y comprensivos. Que el hombre tiene que seguir viviendo en Valencia, y los toreros, acabada la corrida, hacen el petate y salen de naja hacia sus cuarteles de invierno.

El Juli, perdón, don Julián López Escobar, ha estado toda la tarde en tono mayor. Su disposición y conocimientos, para torear adecuándose en cada uno de sus toros a los terrenos y las distancias que reclamaban, ha sido magistral. Yo diría que es el torero más “orteguiano” que ha existido desde el “paleto de Borox”. Como decía Domingo Ortega, a los toros primero hay que poderles, porque si no se les somete hay que torearlos dónde y cómo ellos quieran y no dónde y cómo quiera el torero. Y en eso El Juli es un auténtico superdotado, y además está toreando con un sentido de la estética cada día más acusado. Para mí, y no solo por trofeos, ha sido el gran triunfador de la Feria de Fallas de hogaño.

Y Talavante... Pieza única por su personalidad arrolladora y por su sentido de la estética. De no ser por el fallo a espadas habría tocado pelo en sus dos adversarios. Y así terminó la “primera feria de primera” del año.

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Un indulto reparador

Paco Mora

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Paco Mora

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