Hasta cuatro veces se vivió en la última corrida de Miura en Sevilla la escena inquietante de una suerte de capa tan ajena al repertorio canónico como la larga cambiada de rodillas a porta gayola. El entorno y el ambiente de la Maestranza cargan de acento dramático el ritual. La larga sacrifica un momento sagrado: la salida sin trabas del toro de Miura. La larga cambiada de rodillas a porta gayola es un lance espectacular. El espectáculo consta de tres actos por lo menos. El primero, la osada y celebrada marcha del matador hasta la primera o la segunda raya, y hasta una tercera ideal y no pintada. En ellas habrá de hincarse de hinojos y esperar, encomendarse a los dioses y asegurarse la presencia de gente próxima al quite si fuera menester.
Aquí no vale el “¡segundos fuera!” del boxeo a pesar de la soledad del protagonista. O coprotagonista, porque en el segundo acto asoma y salta el toro, que es la verdadera razón de ser del lance. El tercer acto es el encuentro de las partes, reunión que resuelve el vuelo de un capote de generosas dimensiones. Capa que es embozo, engaño, esgrima y salvavidas también.
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